Vitin Martoccia: el chico que cantaba en el baño y su papá le pidió que se callara
En una entrevista íntima, el cantor catamarqueño contó el momento en que su padre le pidió que dejara de cantar en el baño de la casa. Lo que pasó después cambió su destino para siempre.
Vitin Martoccia, el cantor catamarqueño que se abrió camino en los festivales más importantes del país, reveló en una entrevista los orígenes humildes de su vocación: su padre le pidió que dejara de cantar porque los vecinos podían pensar que le estaba pegando. La anécdota, contada con humor, resume el camino de un artista que se define por la audacia y el estudio.
La charla comenzó en un camarín del Teatro Rondeman, en el Abasto porteño, en una noche de llovizna. Afuera, una fila de gente entusiasta esperaba para entrar. Adentro, Vitin se preparaba para un show que duró más de dos horas y recorrió zambas, chacareras y canciones románticas. Lo acompañaron Nelson Tula en guitarra rítmica y coros, Leandro Moran en guitarra eléctrica, Carlos Guzmán en batería y Luis Kali Barrionuevo en bandoneón.
Los primeros acordes
Martoccia creció en Chumbicha, en el departamento Capayán, rodeado de música. Su padre, Víctor Martoccia, cantaba folclore y en la casa siempre había una guitarra o un bombo. "Mis recuerdos están siempre ligados a la música por mi viejo", contó. De niño bailó folklore en el Ballet Felipe Varela y más tarde, en la secundaria, empezó a cantar mientras jugaba al fútbol. Incluso estuvo seis meses preseleccionado en Rosario, pero volvió porque extrañaba su pueblo.
La anécdota que marcó su vida ocurrió en el baño de la casa paterna. "Yo cantaba y gritaba ahí y mi viejo viene y me dice: ¡noo, no, no m'hijo por favor! ¡Van a creer que te estoy pegando! ¡Andá a otro lado!", recordó entre risas. Pero su madre salió al cruce: "No le hagas caso a tu papá, vos seguí cantando". Desde entonces, a los trece años, no paró. Estudió canto en Catamarca con la profesora Lidia Olmos.
Una carrera en ascenso
Con el tiempo, Vitin se presentó en escenarios emblemáticos como el Festival de Doma y Folklore de Jesús María, la Serenata a Cafayate, la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho y el Festival Nacional de la Chaya. Grabó discos como "El Cantor Enamorado", "Destino de Amor", "Paso a Paso", "Corazón Norteño" y "Mi Sentir" (en vivo en La Trastienda), además de singles como "Explícame", "Solterito", "Amor de mi Vida", "Ave de Cristal", "Ve y Dile", "Mi Gran Amor" y "Entra a mi hogar".
A pesar de su carrera en Buenos Aires, Martoccia no se despega de su Chumbicha natal. "Es el lugar que me vio nacer y al que vuelvo siempre", dice. "Todavía podés dejar la bici en la calle y gracias a Dios no hay peligro que te la roben". Allí vuelve después de cada actuación para recargar energía.
El deseo y la identidad
Sobre su estilo, asegura que abraza toda la música popular: "Amo la chacarera, la zamba, pero también lo melódico y el chamamé". Y confiesa cuál es el hilo conductor: "Siempre quiero dejar algo mío en cada canción".
Entre sus sueños, pide seguir cosechando amigos. "La fama es puro cuento, lo lindo es cosechar amigos y vivir el momento", afirma. También recuerda cuando el Chaqueño Palavecino lo invitó a cantar "Catamarca me conoce" en la Serenata a Cafayate.
Al cerrar, no duda: su referente máximo es su padre. "Si hay algo que tengo que copiar o inspirarme en algún estilo es con Víctor Martoccia, porque me crié escuchándolo a él".