Vive a 2.000 metros de altura en La Rioja y a los 80 años revela cómo encuentra oro sin usar un solo químico
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Vive a 2.000 metros de altura en La Rioja y a los 80 años revela cómo encuentra oro sin usar un solo químico

¿Cómo se encuentra oro en la montaña sin mercurio ni cianuro? A los 80 años, este hombre de Famatina muestra el método que aprendió solo y que casi nadie más domina a esa altura.

Máximo “May” Ruarte inclina la batea sobre el agua y observa. Entre la arena y las piedras busca destellos que casi no se ven. Tiene 80 años y sigue ejerciendo el oficio de lavador artesanal de oro en un paraje de Famatina, La Rioja, a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar.

Su historia se conoció a través de una entrevista que el periodista Sergio Caballero le hizo para el canal de YouTube Conociendo mi País. El video superó el millón de reproducciones y llevó su testimonio a una audiencia enorme.

La vida en La Mariposa de Oro

Ruarte vive con su esposa en una casa que todos conocen como La Mariposa de Oro. Sus cuatro hijos —dos mujeres y dos varones— residen en la ciudad de Famatina. Una vez por mes el hombre baja para cobrar la jubilación y visitarlos.

La vivienda se sostiene con un panel solar que genera electricidad y un mechero de querosén como respaldo. El nombre del lugar tiene su historia: una mujer que cuidaba cabras encontró una pieza con forma de mariposa y un visitante le explicó que era oro. Desde entonces, la denominación quedó pegada al paraje.

Su vínculo con la montaña arrancó en la infancia. Creció en el campo, entre cabras, ovejas y cerdos. Sobre el territorio que recorre desde chico, Ruarte aseguró que lo conoce “como mis manos”. No es una frase hecha: son décadas de caminar quebradas, ríos y cerros.

Cómo se busca oro con agua y gravedad

El trabajo de Ruarte se concentra en el oro aluvial o fluvial. Son partículas que el agua transporta y deposita en lechos, orillas y terrazas de los ríos. Cuando una crecida cambia el cauce, el material puede acumularse en nuevos puntos. El lavador necesita reconocer esos lugares y separar los sedimentos más pesados.

La técnica no tiene misterio químico: agua, gravedad, una pala, un cepillo y recipientes de lavado. Al mover la mezcla, los materiales livianos se desprenden y las partículas densas quedan en el fondo. Ruarte no usa mercurio ni cianuro en el procedimiento que muestra, una diferencia con los procesos industriales. Claro que toda tarea minera, aun la artesanal, tiene algún impacto sobre el cauce y el suelo.

El resultado siempre es incierto. A veces aparecen pequeñas chispas y, de manera excepcional, una pepita de uno o 1,5 gramos. Juntar un gramo puede demandar muchas jornadas. Por eso la experiencia para leer el terreno pesa tanto como el esfuerzo físico.

Otros buscadores se le acercan para aprender. Ruarte acepta enseñarles un poco y les muestra cómo elegir el sedimento y mover la batea. Su conocimiento no sale de manuales. También contó que no aprendió a leer porque, como hermano mayor, tuvo que ayudar a su familia desde chico.

De baqueano en La Mejicana a maestro del río

Antes de dedicarse al lavado artesanal, Ruarte fue baqueano. Guiaba con mulas a las personas que subían a la zona de la mina La Mejicana, en la sierra de Famatina, cuando todavía no había caminos adecuados. Después de uno o dos meses en el cerro, él y otros guías volvían a buscar a los trabajadores.

Ese pasado lo conecta con un capítulo grande de La Rioja. La Mejicana operó a comienzos del siglo XX y quedó ligada al cable carril que transportaba minerales desde la alta montaña hacia Chilecito. Décadas después, la región fue escenario de movilizaciones contra proyectos de megaminería.

El oficio de Ruarte es distinto por escala y por método. El oro aparece en cantidades pequeñas y la producción depende del río. Presentarlo como una actividad sin impacto sería exagerado, pero también sería incorrecto compararlo con una explotación industrial que remueve grandes volúmenes de roca y usa instalaciones complejas.

Un saber atado a un lugar

La historia no se entiende sin Famatina. La altura, los cauces y la memoria minera definen la vida de Ruarte. El escenario es un paraje de montaña del departamento Famatina; sus hijos, en cambio, viven en la ciudad del mismo nombre.

A los 80 años, Ruarte sigue lavando oro y compartiendo lo que aprendió. Lo que atrae de su relato es esa continuidad y la precisión con la que identifica el terreno. No hay promesa de riqueza rápida: hay un trabajo incierto que depende de la paciencia, la experiencia y las condiciones naturales.

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