Vivir en el espacio: el plan del MIT para que los hogares lunares no sean una prisión
¿Cómo serán los hogares en el espacio? Un estudio del MIT revela las claves para que los astronautas no solo sobrevivan, sino que sean felices. Los detalles que nadie te contó.
El diseño de los hábitats espaciales siempre se pensó para la supervivencia, pero un equipo del MIT quiere cambiar esa lógica. Su objetivo: que los futuros habitantes de la Luna o Marte no solo sobrevivan, sino que sean felices. ¿Cómo se logra el bienestar emocional en un lugar tan hostil?
Una investigación reciente del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), publicada en la revista npj Microgravity y financiada en parte por la NASA, plantea una pregunta que hasta ahora parecía secundaria: ¿cómo ser felices en el espacio? La respuesta, según los expertos, está en el diseño de los ambientes.
¿Por qué importa la felicidad en el espacio?
Los astronautas ya pasan largas temporadas en la Estación Espacial Internacional, pero se espera que en las próximas décadas los humanos establezcan bases permanentes en la Luna o Marte. En esos entornos extremos, el aislamiento, la nostalgia y el aburrimiento serán desafíos tan grandes como la falta de oxígeno.
Mich Lin, investigadora del Laboratorio de Sistemas Humanos y de Ingeniería del MIT, lo resume así: “Desde hace tiempo se sabe que vivir en el espacio es difícil. Hemos avanzado mucho desde la época del ser humano en una lata. A medida que nuestras prioridades se orientan hacia misiones de exploración de larga duración, garantizar la seguridad, la salud, el bienestar y la productividad de la tripulación se vuelve aún más importante”.
El atlas emocional para diseñar hábitats espaciales
Para abordar este desafío, los investigadores del MIT se basaron en los esquemas de la NASA que identifican los riesgos de una misión, como la salud de los astronautas, la calidad del sueño o la distancia con la Tierra. Pero fueron más allá: añadieron factores emocionales como el estrés, la nostalgia, la curiosidad, el vínculo con otros tripulantes y el aburrimiento.
“La conexión entre el hábitat y la salud conductual no se había definido antes en este formato. Establecimos esas relaciones por primera vez”, destacó Lin. El equipo tomó como referencia el libro “Atlas del corazón” de Brené Brown, que identifica 87 emociones humanas, y seleccionó seis clave: autonomía, ansiedad, nostalgia, curiosidad, fatiga y parentescos.
Con esos elementos, crearon una plataforma online llamada HECIA (siglas en inglés de “Atlas de Conexión e Interacción Humano-Ambiental”), que permite explorar cómo el diseño de los espacios influye en el comportamiento y las emociones. Por ejemplo, cómo la distribución de los ambientes puede fomentar las conexiones sociales o cómo un espacio reconfigurable puede minimizar la sensación de nostalgia.
Diseñar para emocionar
La idea es que los arquitectos y diseñadores de hábitats espaciales utilicen esta herramienta para tomar decisiones concretas. Lin pone un ejemplo: “Los diseñadores pueden leer que la investigación ha demostrado que los caminos de acceso, las escaleras y las entradas contribuyen a la formación de amistades y la cohesión social. Esto les daría una idea de cómo conectar los espacios públicos del hábitat a través de los ambientes privados, de modo que las personas tengan que interactuar”.
Este enfoque no solo se aplica al espacio, sino también a otros entornos extremos y aislados, como expediciones polares, submarinos o zonas de conflicto.
La conclusión de Lin es contundente: “A medida que imaginamos convertirnos en una especie verdaderamente extraterrestre, o crear lugares donde queramos vivir en el espacio, existe un enorme potencial para reimaginar hábitats que nos hagan felices y productivos”.