Volvió a la escuela después de una batalla que casi nadie de 12 años debería pelear

¿Qué fue lo que más le costó a Ciro de todo lo que vivió? La respuesta de su mamá explica por qué el regreso a la escuela no fue un día más.

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Volvió a la escuela después de una batalla que casi nadie de 12 años debería pelear
Volvió a la escuela después de una batalla que casi nadie de 12 años debería pelear

Ciro Barrera tiene 12 años y volvió a sexto grado después de meses de quimioterapia, una cirugía en la pierna y una rehabilitación que todavía no terminó. La Escuela N° 125 de Neuquén lo recibió con bombos, carteles y la banda de la Policía provincial.

Ciro aprendió a convivir con internaciones, con una prótesis, con la silla de ruedas y después con las muletas. Aprendió a esperar que una herida cicatrizara, a viajar varias veces a Buenos Aires y a tener paciencia para recuperar algo tan simple y tan enorme como volver a caminar. Pero también aprendió que no estaba solo.

Hace dos semanas regresó al aula. Alumnos, docentes, directivos y familias lo esperaban en el patio. Había carteles, regalos, abrazos y la banda de la Policía que convirtió una promesa en una escena inolvidable.

“Claudio, el director, me había comentado que querían recibirlo con bombos y platillos y así fue. Literal”, contó a LM Neuquén Camila Barrera, la mamá de Ciro, todavía emocionada.

El equipo docente y los directivos habían acompañado el proceso durante los meses en los que el nene no pudo asistir presencialmente. Sus compañeros de grado, junto con los del otro sexto, prepararon carteles y regalos y esperaron su vuelta con mucho cariño. Para Ciro, que extrañaba la escuela, cruzar esa puerta otra vez significó recuperar una parte de su vida.

La emoción fue tan grande que hasta el video del recibimiento terminó entre lágrimas. Ciro también se quebró cuando le acercaron una silla para que pudiera sentarse. Todavía no camina solo y se moviliza con muletas, pero ya dejó atrás la silla de ruedas y trabaja todos los días para recuperar fuerza. “Fue una sorpresa muy linda”, resumió su mamá.

Todo empezó con un dolor en la rodilla

La historia de Ciro había comenzado varios meses antes, con algo que parecía pequeño. Un dolorcito en la rodilla que, en lugar de desaparecer, empezó a subir y a hacerse cada vez más intenso.

El 30 de octubre del año pasado llegó el diagnóstico. Después de consultar con un traumatólogo, los estudios mostraron un tumor localizado en el fémur de la pierna derecha.

La familia inició un recorrido de médico en médico hasta llegar a la oncóloga Maria Constanza Drozdowski, de la Clínica San Lucas. El primer paso era una biopsia para ponerle “nombre y apellido” a lo que estaba pasando. Y entonces llegó otra noticia que cambió todo.

Durante el diagnóstico, los médicos detectaron que la enfermedad había hecho metástasis en los pulmones. Para Camila y su familia fueron, como ella misma lo describió, “dos cachetadas”.

“Ahí empezamos y nuestra vida fue a las corridas”, recordó. Ese mismo fin de semana viajaron a Buenos Aires. Ciro fue atendido en el Hospital Austral de Pilar y permanecieron allí una semana hasta que pudieron hacerle la biopsia. Quince días después llegaron los resultados: osteosarcoma metastásico pulmonar, el diagnóstico que los médicos ya sospechaban.

Con esa confirmación arrancó el tratamiento. La familia coordinó con la oncóloga y todo el equipo médico el inicio de la quimioterapia, que Ciro realizó en la Clínica San Lucas durante ocho meses.

Los ciclos fueron largos y exigentes. Una semana recibía una de las drogas durante tres días, descansaba dos y después volvía a recibir medicación durante otras dos semanas, también durante tres días. Así, ciclo tras ciclo, atravesaron los meses. Hasta que llegó febrero y hubo que enfrentar otra etapa: la cirugía de la pierna.

El tumor había afectado considerablemente el fémur y fue necesario colocarle una prótesis. La operación salió adelante, pero la recuperación no fue sencilla. La quimioterapia hacía más lento el proceso de cicatrización y la herida no terminaba de cerrar.

La familia tuvo que volver varias veces a Buenos Aires. Fueron tres viajes más hasta que los médicos realizaron un injerto y la situación empezó a mejorar.

Ciro terminó la quimioterapia después de ocho meses, hace aproximadamente un mes. Está en etapa de remisión y continúa con un tratamiento en pastillas que debe tomar todos los días. Por ahora no saben cuánto tiempo seguirá con esa medicación, porque dependerá de cómo avance su recuperación.

La buena noticia es que la metástasis pulmonar desapareció y sus pulmones están sanos. Los controles son frecuentes, cada 15 días, para seguir de cerca su evolución.

De la silla de ruedas a las muletas

Antes de la enfermedad, Ciro era un chico que no paraba. Jugaba con sus amigos en la calle y llevaba una vida completamente activa. Nunca había tenido problemas de salud importantes. Alguna gripe, como cualquier chico, y poco más.

Por eso el cambio fue todavía más brusco. “Fue muy drástico. De estar todo el tiempo en movimiento pasó a estar meses sin poder movilizarse”, contó su mamá.

La enfermedad lo obligó a frenar de golpe. Ahora tiene kinesiología todos los días. Su objetivo es claro: recuperar fuerza, volver a movilizarse por sus propios medios y caminar otra vez.

Hace algunas semanas dejó la silla de ruedas y comenzó a desplazarse con muletas. Todavía le queda un largo camino de rehabilitación, pero cada avance es una conquista. Volver a la escuela también era parte de esa recuperación.

Ciro había asistido hasta noviembre del año pasado. La enfermedad apareció cuando cursaba quinto grado y le impidió participar de un viaje de estudios. Pero incluso allí apareció una muestra de amistad que la familia no olvida: su mejor amigo, Noah, había pagado el viaje, pero decidió no ir para quedarse acompañándolo.

“Tuvo el acompañamiento de su amigo Noah y lo ayudó muchísimo”, contó Camila.

Terminó el año con una maestra domiciliaria y continuó sus estudios durante este año mientras avanzaba con el tratamiento. La familia destacó que, gracias al trabajo de la docente que lo acompañó, pudo mantenerse al día. Cuando llegó el momento de volver a la escuela, sin embargo, aparecieron los miedos.

Ciro quería regresar. Extrañaba a sus amigos, a sus compañeros y la rutina escolar. Pero había algo que le preocupaba especialmente: ya no podía caminar como antes. “Él me decía que iba a volver siendo otra persona”, relató su mamá.

El miedo no tenía que ver con sus compañeros. Tenía que ver con enfrentarse a una realidad nueva, con movilizarse con muletas, con sentirse diferente después de tantos meses sin poder caminar.

“Lloraba y decía que le daba miedo volver. Si bien extrañaba a sus amigos y compañeros, no poder caminar era lo que tenía en la cabeza”, contó Camila. La familia habló mucho con él, lo acompañó y lo alentó. Hasta que llegó el día. Y la escuela decidió que no iba a ser un regreso cualquiera.

Una escuela que lo esperaba

Ciro llegó y encontró a toda su comunidad educativa reunida en el patio. Estaban sus compañeros, otros alumnos, docentes, directivos y familias. También estaba la Banda de la Policía del Neuquén. Los chicos de su grado y los del otro sexto habían preparado carteles y regalos. Todos querían estar ahí para recibirlo.

Los bombos y platillos que el director Claudio Mardoni había prometido no fueron una forma de decir. Estaban ahí, literalmente, para acompañar el regreso de Ciro.

“Todo el equipo docente y los directivos fueron parte. Los chicos de su grado, junto con el otro sexto, habían preparado carteles, regalos, lo esperaron con mucho amor”, contó Camila.

La escena tuvo algo de celebración y algo de alivio. Después de meses en los que la escuela había tenido que entrar a su casa a través de una maestra domiciliaria, Ciro volvía a ocupar su lugar entre sus compañeros.

Ahora asiste todos los días y, según su mamá, está muy bien. También pudo ponerse al día con los contenidos gracias al acompañamiento que recibió durante el tiempo que estuvo fuera del aula.

Cada día, después de la escuela, sigue con su rehabilitación. Tiene que recuperar fuerza y movilidad y volver a confiar en su pierna.

“Pude hacerlo, lo logré”

Ciro dice que es un niño, pero que al mismo tiempo se siente grande. Sabe que tuvo que enfrentar una enfermedad fuerte y que atravesó momentos dolorosos. Pero también sabe que salió adelante.

“Pasé por cosas horribles y dolorosas. Pero como siempre les digo a mis papás, estoy acá. Pude hacerlo, lo logré”, dijo.

Hoy se siente bien, con energía y, aunque reconoce que algunas cosas cambiaron, siente que volvió a ser el Ciro de antes. O quizá, como él mismo dice, volvió siendo otra persona: más madura y más valiente. Está agradecido con sus padres, con su familia, con los médicos, con sus amigos y con todas las personas que lo acompañaron durante el tratamiento.

También tiene un deseo que va más allá de su propia historia: “Deseo con todo mi corazón que todos los niños con cáncer se curen. Los quiero a mucho”.

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