¿Y si las pantallas no eran el problema? Un estudio con 3.700 chicos desafía todo lo que creías

Un estudio con 3.700 chicos revela que las pantallas no afectan el bienestar como se creía. ¿Qué hay detrás de los videojuegos? La ciencia tiene una respuesta que te va a sorprender.

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¿Y si las pantallas no eran el problema? Un estudio con 3.700 chicos desafía todo lo que creías
¿Y si las pantallas no eran el problema? Un estudio con 3.700 chicos desafía todo lo que creías

Durante años, el uso de pantallas fue señalado como el gran enemigo del bienestar infantil. Pero un nuevo estudio científico acaba de poner en duda esa idea, y sus conclusiones podrían cambiar la forma en que entendemos la relación de los chicos con la tecnología.

Investigadores de la Universidad de Edimburgo y del Imperial College de Londres analizaron a más de 3.700 niños y adolescentes y no encontraron asociaciones significativas entre el tiempo frente a las pantallas y problemas en su desarrollo emocional o social.

¿Qué encontraron exactamente?

El estudio, publicado en la prestigiosa revista JAMA Network Open de la Asociación Médica de Estados Unidos, se centró en chicos de 5, 10 y 15 años. Los investigadores evaluaron el impacto del uso de pantallas fuera del horario escolar en el desarrollo psicosocial, que incluye el bienestar emocional, social y conductual.

Los resultados, que sorprendieron a los propios autores, indican que no hay una relación directa entre el tiempo de pantalla y las dificultades en esos aspectos. Sin embargo, sí encontraron un dato llamativo: los adolescentes de 15 años que usaban redes sociales más de una hora al día tenían menos probabilidades de tener problemas de desarrollo que aquellos que las usaban menos tiempo.

“No se encontraron asociaciones significativas entre el uso de pantallas y las dificultades del desarrollo a los 5 o 10 años de edad. Las puntuaciones de dificultades más altas a los 15 años solo se observaron en el uso muy elevado de videojuegos, no en otras formas de uso”, señala el artículo.

¿Qué pasa con los videojuegos?

El único caso en el que se observó una relación negativa fue en el uso excesivo de videojuegos a los 15 años. Pero incluso ahí, los investigadores aclaran que la evidencia no es concluyente.

Los autores del informe sugieren que las aplicaciones sociales y de mensajería podrían fortalecer los lazos de amistad y ofrecer apoyo a los jóvenes. Aunque también admiten que los adolescentes más sociables podrían ser más propensos a usar esas plataformas, lo que complica la interpretación de los resultados.

¿Están equivocadas las recomendaciones actuales?

Este estudio llega en un momento de fuerte debate sobre el impacto de las pantallas en la infancia. Este año, varios países pusieron en vigor leyes que prohíben el uso de redes sociales a los menores de 15 o 16 años, argumentando que afectan negativamente a los jóvenes.

Pero los investigadores británicos creen que estas medidas podrían estar basadas en una visión demasiado simplista. “Nuestros resultados sugieren que las directrices de salud pública centradas únicamente en limitar el uso de pantallas, como la recomendación de la Organización Mundial de la Salud de una hora diaria o menos para niños menores de 5 años, podrían no reflejar con precisión la compleja relación entre el tiempo frente a la pantalla y el desarrollo psicosocial”, subrayaron.

El caso de Australia: un experimento real

Australia fue uno de los primeros países en prohibir las redes para menores, pero una evaluación reciente mostró que el impacto fue limitado. Muchos chicos encontraron formas de burlar las restricciones. Las autoridades australianas, sin embargo, defienden la medida: aseguran que se trata de una “reforma compleja que está revirtiendo 20 años de arraigo en las redes sociales” y que el impacto real se verá a largo plazo. “El impacto de la ley no se medirá en semanas ni meses, sino a lo largo de generaciones”, comentaron.

Especialistas consultados por Science Alert que no participaron en el estudio coinciden en que la nueva línea de investigación debería analizar no solo cuánto tiempo pasan los chicos frente a las pantallas, sino también cómo lo usan y cómo afecta eso a otras áreas de su vida social.

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