Adentro de la pista de Angus en Choele Choel, lo que nadie ve en la jura
Federico Gilardi, de Cabaña Don Juan, habló con Río Negro Rural en la 46° Expo Rural de Choele Choel. Dijo que el trabajo empieza mucho antes de la pista y que hay una decisión que lo cambia todo en una zona que todavía espera agua.
La pista de Angus en la 46° Expo Rural de Choele Choel mostró animales premiados, pero detrás de cada ejemplar hay años de selección genética pensados para un ambiente que no perdona. Así lo planteó Federico Gilardi, de Cabaña Don Juan, quien habló con Río Negro Rural sobre el trabajo que sostiene ese resultado.
"Trabajamos todo el año para esto, y ya desde hace varios años", dijo el cabañero. Y aclaró que el logro no es de una sola persona: "Es un logro de todos, de la familia, de los chicos que trabajan en el campo día a día".
Una genética pensada para el campo, no para la pasarela
Gilardi explicó que las decisiones de selección no se toman mirando solo la apariencia del animal o su desempeño en una exposición. El objetivo es otro: lograr un biotipo que rinda en las condiciones concretas de la Patagonia.
"Buscamos tener una línea genética adaptada al campo, adaptada a la zona", sostuvo. Y agregó: "Sobre todo, buscamos un biotipo de animal que produzca y que, en estos medios que nosotros tenemos, que son tan difíciles, pueda demostrar todo su valor".
Para una cabaña, un premio en la pista puede confirmar que el camino elegido es el correcto. Pero esa evaluación se construye durante años. La selección genética no da resultados inmediatos: las decisiones de hoy se ven después, cuando esos animales llegan a los rodeos comerciales.
"Somos varios, varias cabezas que pensamos en esto, en las decisiones que tomamos", señaló Gilardi, que insistió en la idea de sostener una línea de trabajo en el tiempo.
La exposición como vidriera y el rol de los remates
La presencia de las cabañas en las exposiciones también tiene que ver con la comercialización. No todo lo que se produce puede llevarse a pista, y los remates cumplen un papel clave para acercar distintas líneas genéticas a los productores.
"La exposición es el lugar en el que vos mostrás tu producto y, de alguna manera, es una vidriera para tu propio remate", definió Gilardi.
Actualmente, Don Juan trabaja junto a otra cabaña para un remate en Río Colorado, con la idea de ofrecer animales que funcionen como herramientas para los productores de la zona. "Hay una cierta demanda de animales y una cierta calidad genética que tratamos de cubrir con estos remates", explicó. El propósito es que esos ejemplares sean "útiles, funcionales y productivas" para quienes necesitan reconstruir o mejorar sus rodeos.
En el caso de Don Juan, los grandes campeones de esta exposición no se pondrán a la venta en la Expo: la apuesta también pasa por conservar determinados ejemplares dentro del programa genético de la cabaña.
Repoblar después de la sequía: la urgencia de recuperar kilos
El contexto regional pesa. La zona todavía arrastra las consecuencias de una sequía importante y la recomposición de los rodeos aparece como una necesidad concreta. Para Gilardi, no se trata solo de sumar animales, sino de incorporar genética que permita recuperar productividad.
"Venimos de una seca importante y ahora se vuelve a repoblar toda la zona, y qué mejor que meter genética", sostuvo. Y marcó prioridades: "Hay que recuperar kilos, aumentar kilos y hay que priorizar la fertilidad y la productividad sobre todas las cosas".
El precio lo pone el mercado
La conversación sobre genética deriva inevitablemente en los valores de los reproductores. Gilardi fue claro: el precio no debería fijarlo la cabaña, sino el propio mercado.
"Yo creo que los valores los hace el mercado, los hacen los productores", afirmó. Desde esa mirada, el trabajo de la cabaña pasa por generar un producto atractivo: "Nosotros tenemos que enfocarnos principalmente en la producción y mejora genética de nuestros animales para que el comprador vea algo atractivo y gaste con gusto".
También señaló que los productores tienen realidades económicas distintas y que no corresponde a las cabañas decidir cuánto puede gastar cada comprador.
Para Gilardi, los remates particulares permiten sacar al mercado animales y líneas genéticas que no siempre tienen lugar en una exposición. "Las cabañas empiezan a trabajar, empiezan a hacer líneas genéticas, consistencia genética, y a veces todo lo que uno trabaja no lo puede vender en una exposición porque hay límites", explicó.
Un campo que todavía espera más agua
Desde la consignación de la muestra, Leandro Monedero aportó otra mirada sobre el momento de la ganadería regional. Su expectativa era encontrar en los remates valores similares a los de las jornadas anteriores, acordes a los animales ofrecidos y a la situación productiva de la zona.
Monedero indicó que el factor climático sigue siendo determinante: pese a algunas lluvias, el campo no terminó de recuperarse y durante el invierno no hubo suficiente agua. La expectativa está puesta en las precipitaciones de septiembre y octubre.
"Si llueve ahora, recupera bien el campo", sintetizó.
La jura de Choele Choel dejó así algo más que una lista de premiados. La pista mostró el resultado visible de un trabajo que se hace todo el año en las cabañas, con la selección genética, la adaptación, la fertilidad y la capacidad de producir kilos por encima de cualquier característica aislada. El desafío para la ganadería regional es doble: recuperar los rodeos después de la sequía y hacerlo con herramientas que mejoren la productividad. Como resumió Gilardi: "La genética son decisiones que se van tomando con el tiempo y después se ven los frutos".