Boca ganó el superclásico y en la Bombonera ya hablan de lo que viene: hay un partido que puede cambiarlo todo
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Boca ganó el superclásico y en la Bombonera ya hablan de lo que viene: hay un partido que puede cambiarlo todo

Boca le ganó el superclásico a River en la Bombonera y quedó a un partido de dar la vuelta olímpica: el rival que tendrá enfrente y el escenario donde se definirá cambian todas las expectativas para lo que viene.

La Bombonera volvió a ser una fiesta. Con un 1-0 ante River que se quedó corto por cómo se dio el trámite, Boca sumó su tercer triunfo consecutivo en superclásicos y quedó a un paso de un objetivo mayor: el título de la liga.

El festejo se mezcló con la certeza de que lo mejor puede estar por venir. Si ante Defensa y Justicia, en el mismo escenario, el equipo de Arruabarrena repite, habrá vuelta olímpica. Y el primer título de la era Riquelme dejará de ser una ilusión para transformarse en realidad.

El VAR cambió el partido

Todo se ordenó a partir de una jugada que el estadio vio antes que el árbitro. Nicolás Ramírez no sancionó la falta de Martínez Quarta sobre Merentiel, a quien abrazó cuando el delantero se iba solo contra Santiago Beltrán. Silvio Trucco, desde el VAR, le indicó lo que correspondía: roja para el defensor visitante.

Con un jugador menos, River quedó atado a su plan inicial de esperar. Boca, que ya se sentía cómodo con ese dibujo, pasó a dominar sin discusión. El ritmo lo manejó Paredes y el resto acompañó.

Antes de esa expulsión, el local ya había mostrado las cartas. A los dos minutos, Ascacíbar le robó la pelota a Andrada en una salida dubitativa y desencadenó un ataque que terminó con un centro de Blanco que Merentiel no llegó a conectar con fuerza.

El gol y una tarde de dominio

La presión del mediocampo de Boca fue tan determinante que el gol nació de un error: Lucas Silva demoró una pelota y de esa pérdida llegó el córner que Villa ejecutó bien y Di Lollo resolvió mejor, con un cabezazo cómodo, como si Rivero no lo estuviera marcando.

Delgado fue la figura del partido, siempre libre para recibir. Ascacíbar, incansable, llegó desdoblado a posiciones de remate. Y Paredes puso el pie criterioso para ordenar cada avance.

River no cambió el libreto con la desventaja. Ponzio ya había sacado a Lucas Beltrán para el ingreso de Rivero tras la expulsión. Sin su delantero de referencia, el arquero equivocó la estrategia de jugar largo: Di Lollo y Herrera ganaron cada pelotazo. Que el primer tiempo haya terminado 1-0 fue un alivio para los visitantes, que ni siquiera forzaron un córner en toda la etapa.

Después del gol, Boca tuvo dos chances más: un cabezazo de Ascacíbar y un centro cruzado de Villa que Rivero desvió. River era las demoras de su arquero, la intrascendencia general y los nervios de Acuña, que empujó a Paredes y generó un tumulto que terminó con amarilla para cada uno.

El árbitro, en el centro de las quejas

Ramírez no condujo el partido con seguridad y los referentes de Boca lo advirtieron desde el arranque: Paredes y Otamendi le fueron encima en cada interrupción. En el complemento, expulsó a Montiel por una entrada a destiempo sobre Blanco, una decisión que quedará en la lista de las discutibles: podría haber sido solo amarilla. Los visitantes protestaron porque no se aplicó el mismo criterio cuando Blanco impactó a Andrada ni cuando Paredes lo hizo con Galván, jugadas en las que, para este medio, el árbitro estuvo correcto.

Los cambios de Ponzio y un plantel desbalanceado

Antes del reinicio, Ponzio sacó a Silva, el joven de 19 años al que el superclásico le quedó grande. En el banco, los volantes disponibles eran el uruguayo Arambarri, que valió 6 millones de dólares y no está en consideración, y los sub 20 Meza, Espíndola y Pereyra. Las lesiones de Moreno y Vera tampoco ayudan: ninguno justificó todavía su llegada en enero.

El DT visitante probó con Andrada como volante central e invirtió los carriles de Galván y Almada. Arruabarrena quitó a Herrera para mantener un solo central amonestado, Di Lollo.

Hubo un espasmo en el reinicio, pero Boca volvió a controlar enseguida. River, cansado y dominado, dudaba en dar el paso al frente por miedo al contraataque. Villa falló una corrida larga tras un error de Otamendi, pero la partitura no cambió: el tridente Paredes-Delgado-Ascacíbar se impuso de principio a fin, igual que en mayo en el Monumental. Ascacíbar terminó como el jugador más determinante de la tarde y, cuando salió Paredes, ocupó la posición central y se llevó los aplausos.

Las cuentas pendientes de River

Más que por Ramírez, River debería preguntarse por su falta de nivel para gestionar un partido de tanta demanda. Almada, llamado a ser la figura, se fue reemplazado cuando faltaban 20 minutos. Otamendi no dominó el juego aéreo. Correa, muy solo, nunca pudo imponer su gambeta. Montiel y Acuña no generaron una buena jugada.

Los campeones del mundo, hasta aquí, lucieron más para una campaña de marketing que para llevar a River al lugar deseado: el regreso a la Copa Libertadores, que ahora dependerá de ganar el Clausura, una arremetida que hoy se ve improbable.

Boca, en cambio, se quedó un largo rato celebrando en una Bombonera feliz e ilusionada. El cancionero de las grandes ocasiones se activó para que los jugadores, de cara a la cabecera local, derrocharan felicidad. Y sobre todo ilusión: el primer título de la era Riquelme parece al alcance de la mano. En este mismo escenario y ante Defensa y Justicia podrá llegar esa vuelta olímpica.

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