Buscaban a una mujer desaparecida y en la cocina de su novio apareció una olla que lo cambió todo
La familia de Alejandra Galeana Garavito la buscó durante días. Cuando la policía allanó el departamento de su novio, encontró una olla en la cocina que cambió la investigación para siempre. ¿Qué había adentro?
La familia de Alejandra Galeana Garavito no sabía nada de ella desde hacía días. Cuando la policía entró al departamento de su pareja, un escritor que se hacía llamar poeta, el olor y lo que había sobre la cocina los dejó sin palabras.
El 5 de octubre de 2007, los parientes de Alejandra denunciaron su desaparición. Tenía 32 años, dos hijos y trabajaba en una farmacia. Dejó de contestar el teléfono y no pudieron ubicarla. Tres días después, las pistas llevaron a los agentes de la Policía de Ciudad de México hasta un inmueble de la colonia Guerrero, en el centro de la capital mexicana.
Allí vivía José Luis Calva Zepeda, un hombre de 38 años que mantenía una relación con la mujer y que se presentaba como escritor, poeta y dramaturgo. No había certezas sobre lo que había ocurrido con Alejandra, pero el allanamiento iba a revelar algo mucho peor.
Lo que encontraron adentro
Al recorrer el departamento, los oficiales hallaron restos humanos repartidos en varios ambientes. Parte del cuerpo estaba guardado en un placard. Una pierna apareció en la heladera. Y en la cocina, sobre la mesada, había una olla con un brazo y una sartén con carne ya cocinada.
Los análisis forenses confirmaron que esos tejidos pertenecían a Alejandra. A partir de ese momento, la investigación tomó un rumbo macabro: la sospecha de que el hombre había cocinado partes del cuerpo de su pareja. El caso dio la vuelta al mundo y la prensa lo bautizó como el “Poeta Caníbal”.
Calva Zepeda declaró ante la fiscalía. Reconoció haber matado a Alejandra y haber cocinado algunos de sus restos, pero negó habérselos comido. Dijo que los había preparado para dárselos a sus perros. Esa versión nunca pudo ser confirmada por una sentencia: los indicios de la cocina alimentaron la hipótesis del canibalismo, pero la causa no llegó a probarlo judicialmente.
Una infancia marcada por la calle
Nacido el 20 de junio de 1969 en Ciudad de México, Calva Zepeda tuvo una niñez complicada. Su padre murió cuando él tenía dos años y su madre quedó a cargo de él y sus cinco hermanos. Según medios mexicanos, durante esos años sufrió situaciones de violencia y abusos por parte de su mamá, lo que lo llevó a escaparse de la casa a los seis años. Desde entonces vivió en la calle, donde empezó a robar y a consumir drogas.
Antes de que su nombre saltara a las páginas policiales, escribía obras de teatro, poesía y relatos de terror. También había trabajado como actor y taxista. Entre sus papeles apareció una novela inconclusa titulada Instintos caníbales o 12 días, un detalle que llamó la atención de los investigadores y de la prensa después del hallazgo.
Otras desapariciones bajo la lupa
Con Calva Zepeda detenido, la fiscalía empezó a revisar si podía estar vinculado con otros crímenes de mujeres. Uno de los casos que despertó sospechas fue el de Verónica Consuelo Martínez Casarrubias, una expareja del escritor que había desaparecido en 2004. Su familia lo señaló como posible responsable.
Los investigadores también examinaron una posible conexión con otro homicidio ocurrido en Ciudad de México. Las similitudes entre los casos reforzaron la hipótesis de que el hombre hubiera atacado a más mujeres. Sin embargo, la causa nunca llegó a una resolución judicial sobre esos hechos.
Detención y procesamiento
Calva Zepeda fue detenido el mismo 8 de octubre de 2007, el día en que la policía entró a su departamento. Durante el operativo intentó escapar: cayó desde una ventana y fue atropellado por un taxi. Terminó con lesiones, recibió atención médica y quedó bajo custodia.
El 31 de octubre, un juez consideró que había elementos suficientes para procesarlo por el homicidio de Alejandra y por delitos relacionados con el tratamiento de los restos humanos. El magistrado dispuso que continuara detenido con prisión preventiva mientras avanzaba la investigación.
El final en la celda
El caso tuvo un giro inesperado el 11 de diciembre de ese mismo año. Calva Zepeda fue encontrado muerto en su celda del Reclusorio Oriente, en Ciudad de México. La versión oficial indicó que se había ahorcado con un cinturón.
Su familia cuestionó esa explicación y planteó la posibilidad de que hubiera sido asesinado por otros internos. Las autoridades informaron que la autopsia determinó que la causa de muerte fue asfixia por ahorcamiento y descartaron abrir una investigación por homicidio.
La muerte del acusado impidió que el proceso penal por el asesinato de Alejandra llegara a una sentencia definitiva. Por el mismo motivo, tampoco hubo una resolución judicial sobre su posible participación en los otros crímenes que quedaron bajo investigación.