Científicos mendocinos revelaron qué le hace el cáncer renal a la grasa que lo rodea
Matías Ferrando es becario del CONICET en Mendoza y lideró un estudio que analizó muestras de pacientes con cáncer renal y de personas sanas. Lo que encontró en la grasa que rodea al tumor cambia la forma de mirar la enfermedad.
Un equipo del CONICET en Mendoza descubrió que el cáncer renal de células claras modifica el tejido adiposo que lo rodea, y que esos cambios podrían facilitar que las células tumorales se desplacen y contribuyan a la metástasis. El hallazgo, publicado en la revista International Journal of Molecular Sciences, abre una nueva línea de investigación sobre cómo el entorno de un tumor influye en su evolución.
El trabajo se llevó a cabo en el Instituto de Medicina y Biología Experimental de Cuyo (IMBECU, CONICET-UNCUYO) y comparó muestras de tejido adiposo de pacientes con cáncer renal con muestras de personas sanas. El objetivo era entender cómo se comunican las células tumorales con las que las rodean.
Una comunicación de ida y vuelta
Los investigadores comprobaron que entre las células cancerígenas y el tejido adiposo existe una comunicación bidireccional. No solo el tumor recibe señales de su entorno: también envía señales capaces de modificar el comportamiento de las células vecinas.
“El tejido adiposo es un conjunto de distintos tipos de células. Tiene diversas funciones, entre ellas, almacenar y suministrar energía en forma de lípidos, secretar factores solubles que pueden impactar tanto en las propias células como en las de otros tejidos y, además, cumple un rol inmunorregulador”, explicó Matías Ferrando, becario posdoctoral del CONICET en el IMBECU y líder del estudio.
En el laboratorio, el equipo observó que el tejido adiposo ubicado junto a los tumores renales cambia tanto en su estructura como en las sustancias que libera. Esas modificaciones pueden alterar el comportamiento de las células cancerígenas y aumentar su capacidad para movilizarse.
Los cambios que provoca el tumor
“Entre el tejido adiposo y las células cancerígenas se produce un proceso de comunicación de tipo causa y efecto”, señaló Virginia Pistone Creydt, investigadora del CONICET y directora del grupo de Cáncer renal y Microentorno del IMBECU.
La especialista indicó que los tumores pueden adaptarse a ambientes desfavorables mediante cambios en su metabolismo. Al hacerlo, también modifican las condiciones que los rodean y generan respuestas en las células vecinas. En este caso, esas respuestas podrían terminar beneficiando al propio tumor.
Un posible camino para nuevos tratamientos
El hallazgo permite profundizar el conocimiento sobre el microentorno tumoral, es decir, el conjunto de células y tejidos que rodean a un cáncer y que pueden influir en su evolución. Para los investigadores, comprender esta interacción podría ser clave para desarrollar nuevas estrategias contra la enfermedad.
“Este tipo de estudios abre la puerta a nuevos blancos terapéuticos que podrían servir como complemento a las terapias oncológicas actuales”, afirmó Ferrando.
Además, el equipo plantea que algunas de las sustancias producidas por el tejido adiposo podrían estudiarse mediante biopsias líquidas, a partir de muestras de sangre u orina. A futuro, esa estrategia podría contribuir al diagnóstico y al monitoreo de pacientes, aunque se trata de una posibilidad que requiere nuevas investigaciones antes de incorporarse a la práctica clínica.