Fueron compañeros en la escuela de Capioví, cada uno armó su viaje por su cuenta y el destino los hizo chocar en la salida de la Bombonera, justo después de la vuelta olímpica de Boca.
Dos misioneros viajaron por separado para ver la consagración de Boca y se reencontraron de casualidad a la salida del estadio, después de haber alentado desde tribunas distintas. Teresa Arriola y Héctor Keller no se veían desde la época escolar, pero la pasión xeneize los volvió a cruzar en la fiesta del título.
La Bombonera vivió otra vuelta olímpica. El equipo de Rodolfo Arruabarrena se coronó campeón del Torneo Anual al vencer 1 a 0 a Defensa y Justicia, con un gol sobre la hora del ecuatoriano Enner Valencia. Entre los miles que llenaron las tribunas estuvieron Teresa y Héctor, dos misioneros que le contaron la experiencia a El Territorio.
El regalo que cumplió un deseo
Teresa había cumplido años el 14 de octubre y uno de sus anhelos era conocer la Bombonera. Sus hijos, Carla y Lautaro, tomaron nota y la sorprendieron.
“Me despertaron con un voucher de viaje a Buenos Aires con entrada al estadio para el partido contra Defensa y Justicia. Mi felicidad fue plena, fue el mejor regalo”, relató.
La expectativa fue creciendo con los días. El partido se adelantó por la visita del papa León XIV al país, y Teresa jamás imaginó que ese encuentro iba a definir el campeonato. Viajó sin sus hijos, pero se sumó al grupo Somos Boca para entrar por primera vez al estadio.
“Entrar a la Bombonera es algo que jamás olvidaré. La hinchada es indescriptible y sí, como se dice, el estadio late, se mueve y lo podés sentir”, describió.
Mantuvo la fe hasta el final y el gol llegó en la última jugada, con una explosión de alegría en las tribunas. “No se pueden imaginar lo que fue eso. Sellé aún más mi amor por Boca. Soy bostera de cuna, desde mi abuelo, que fue un inmigrante”, agregó. Nacida en Capioví y radicada en Posadas desde hace 30 años, Teresa vivió una de las jornadas más intensas de su vida como hincha.
Un cruce que nadie esperaba
La sorpresa mayor llegó después del partido. Cuando salía del estadio, Teresa se topó con Héctor Keller, su compañero de primaria y secundaria en Capioví. Los dos habían organizado el viaje por separado y, sin saberlo, habían compartido la consagración desde distintos sectores de la cancha. El reencuentro, después de tantos años, le puso un condimento extra a la jornada.
Héctor también tenía su propia historia. Meses antes había querido ir a Paraguay para ver a Boca frente a Recoleta, pero no pudo concretarlo. Esta vez la chance llegó gracias a un regalo de su hijo Gastón.
“Como se dice, por algo se dan las cosas. Se dio en esta ocasión gracias al regalo de mi hijo y se dio el momento justo”, contó. Oriundo de Capioví y radicado actualmente en Concepción de la Sierra, ya había estado en la Bombonera, aunque en aquella oportunidad solo había recorrido el museo. Esta fue la primera vez que pudo ver un partido allí.
“Haber llegado en esta ocasión fue algo extraordinario, con el plus de que entré con La 12, con el folclore de las banderas, los bombos y la música. Me sigo emocionando con solo recordar y comentar que, luego del partido, esa masa de gente gritando es algo impresionante, los 90 minutos alentando”, expresó.
Keller viajó con su hijo Gastón, que le regaló la entrada, y compartió el recorrido con otros misioneros a través de la peña Vamos Xeneizes Misiones. Durante el partido pasaron tensión por las ocasiones desperdiciadas y la incertidumbre sobre el resultado del campeonato. Cuando parecía que el título podía irse a Rosario Central, apareció el gol de Valencia y ambos se fundieron en un abrazo inolvidable en la tribuna.
“En ese momento, todo pasó por mi mente. Es como que yo hice el gol, es lo soñado por todos los que alguna vez jugamos fútbol: en el último minuto, en la Bombonera y con un campeonato”, recordó.
El encuentro con Teresa también tuvo un valor especial para Héctor. Reencontrarse con alguien con quien compartió tantos años de escuela, justo después de vivir una experiencia tan fuerte para los dos, convirtió la jornada en una anécdota imborrable. Ambos coincidieron en que fueron sus hijos quienes hicieron posible el viaje con el regalo de las entradas.
Entre la emoción por el título y el reencuentro, Héctor recordó que la visita del Papa coincidió con su paso por Buenos Aires. Incluso admitió que le quedó una cuenta pendiente por no haber participado de las actividades religiosas.
“Lo único que queda como un cargo de conciencia es que fui a ver a Boca y no al Papa. Nos cruzamos con algunas personas que llegaban a Buenos Aires para ver al Sumo Pontífice y nosotros nos estábamos yendo, pero no se puede estar en todas partes. Rogamos al Señor que esta visita traiga unidad y prosperidad a nuestro pueblo”, concluyó.
