Compró una cueva por 15.000 euros y hoy no puede creer lo que vale: "Las buscan como un tesoro"
Buscaban una casa de clase baja y terminaron frente a un refugio que hoy se cotiza a 300.000 euros. Lo que Torcuato encontró puertas adentro de su cueva en Guadix explica por qué ya nadie quiere salir de ahí.
Un fotógrafo llamado Torcuato se metió en una de las casas más insólitas que se pueden encontrar en Europa: una vivienda excavada dentro de una montaña en la zona de Guadix, en Granada, España. La compró en 2003 por 15.000 euros y, dos décadas después, esas mismas cuevas se cotizan en el mercado a 300.000 euros.
La historia llegó al público de la mano del creador de contenido Diego Revuelta, que viajó a esa región para mostrar cómo vive una comunidad entera bajo tierra y terminó encontrándose con el fotógrafo, que todavía sigue instalado en su cueva tras haberla refaccionado con sus propias manos.
De vivienda de clase baja a objeto de deseo
Cuando Torcuato compró la propiedad, este tipo de casas estaban asociadas a familias de bajos recursos. Nadie las miraba con buenos ojos. Veinte años más tarde, el panorama cambió por completo: la revalorización de la zona las transformó en un producto codiciado, con precios altísimos y hasta paquetes turísticos que ofrecen fines de semana de lujo en su interior.
El propio fotógrafo lo resume con una imagen elocuente: hoy hay gente que las busca como un tesoro.
Una comunidad de tres mil personas bajo la montaña
En esa región de Guadix viven alrededor de 3.000 personas en cuevas, según contó Torcuato. Para la comunidad se trata de una práctica cotidiana, aunque no siempre fue así: en la década del 70, muchas familias abandonaban estas viviendas para mudarse a casas convencionales.
En el video de Revuelta se ven desde cuevas sencillas hasta otras con todo tipo de lujos. Todas comparten un mismo origen: la estructura está excavada directamente desde la montaña.
Los beneficios de vivir dentro de una montaña
Esa particularidad arquitectónica tiene ventajas concretas. Por un lado, el aislamiento acústico es casi total: en algunas zonas de la casa puede haber entre 15 y 20 metros de montaña por encima, lo que borra cualquier ruido externo y permite un descanso absoluto.
Por otro, no hace falta calefacción ni aire acondicionado. La temperatura se mantiene constante durante toda la temporada, gracias al aislamiento natural que ofrece la roca.
La contracara aparece para quien nunca vivió algo así: la ausencia de ventanas complica la luz y la ventilación natural en ciertos sectores del hogar. Quien tenga claustrofobia, mejor abstenerse.
Una familia que lleva un siglo bajo un acantilado en China
El fenómeno de las viviendas integradas al paisaje no es exclusivo de España. La youtuber Qingyunji, que investiga particularidades arquitectónicas en su canal, encontró en la provincia china de Hubei una casa bajo un acantilado de las montañas de Lichuan, en medio del bosque, invisible desde la carretera que pasa a 300 metros.
Allí vive Yang, en una estructura sólida de piedra, adobe y madera adaptada a la forma del acantilado. Su familia usó ese hogar por más de un siglo. Después de la muerte de sus padres, sus hermanos se mudaron a pueblos cercanos, pero él decidió quedarse en ese paraíso escondido.
El acantilado lo protege de las lluvias fuertes y genera un microclima que mantiene la temperatura estable durante todo el año. Dentro de la montaña hay pozos de agua cristalina y, por el ángulo de la construcción, entra luz natural buena parte del día.
En cuanto a la tecnología, Yang recibe electricidad de un poste cercano en la carretera y calienta el agua y la comida con leña. Tiene un huerto con plantas medicinales que vende en el pueblo. Antes criaba animales dentro de la casa, pero al quedarse solo le resultó imposible sostener esa actividad.