¿Qué frase dejó sobre el alambrado la artista de 84 años que cruzó la provincia para pintar en Viedma? La historia detrás de uno de los 75 murales que ya dieron la vuelta al mundo.
El cerramiento del Centro Municipal de Cultura de Viedma dejó de ser una valla para convertirse en una galería a cielo abierto. Setenta y cinco artistas plasmaron sus obras sobre el alambrado que rodea la obra en construcción, que funcionará como lienzo durante los próximos dos años, mientras avanza la renovación del edificio.
La convocatoria arrancó con 45 espacios disponibles y se completó rápido hasta llegar a los 75 cupos. La única condición para participar fue clara: expresiones libres, sin discursos de odio ni violencia.
Lo que apareció sobre las paredes ya trasciende la capital rionegrina y empezó a circular en medios regionales e internacionales. Entre homenajes, series y paisajes patagónicos, cada intervención tiene su propia historia.
La artista de 84 años que viajó desde Bariloche
Sabina Sosa vive en Bariloche, tiene 84 años y atravesó la provincia para llevar un pedazo de la zona andina al centro de Viedma. Empezó a dibujar a los 17, pasó por Cerámica Bariloche y hoy sigue formándose en los cursos de Upami.
«Empecé a dibujar a los 17 años, participé en Cerámica Bariloche y ahora estoy con los cursos de Upami, pero nunca me dejé de formar», contó sobre su impulso por encontrar nuevas formas de expresión.
El mural lo pintó junto a su hija, Ángeles Nélda, y otros integrantes de la familia, incluida una nieta de nueve años. Juntos armaron un paisaje patagónico de montañas y guanacos, acompañado por una poesía inspirada en una enredadera que crecía en un ventanal de Dina Huapi.
«Aferrarse con todas las fuerzas a los que nos hacen florecer», escribió Nélda junto a su madre, en un juego de palabras que mezcla la firmeza de la estructura donde las plantas se sostenían con el esfuerzo por no caer.
Sabina también habló de las limitaciones que trae el paso del tiempo: el cansancio y el vértigo ya no le permiten subir escaleras para pintar en los márgenes superiores.
«Aunque a mi cuerpo le cueste, mi cabeza sigue siendo igual», explicó. Y agregó: «Lo que envejece es el cascarón, pero con 84 años me miro y digo ‘pudiste hacer esto’».
Un lienzo que se despide con el edificio
Juan Marchesi y Andrea «Hadita» Mercado también forman parte del proyecto. Ambos ya habían trabajado juntos en Viedma, en el mural de Guernica de Pablo Picasso que está en el Parque Ferreira. Esta vez, la apertura del espacio les permitió mostrar una faceta más personal, sabiendo que la obra tiene fecha de vencimiento.
Marchesi convocó a toda su familia, desde su esposa hasta sus bisnietos, y a algunos amigos para intervenir el mural del árbol de la vida. La obra recupera al «espía» o «mirón», el personaje que acompaña su arte desde que llegó a la Patagonia en 1973, y suma un poema homenaje a su amiga Luisa Goldemberg. «Fue como mi segunda madre», señaló el muralista.
Mercado, por su parte, asumió con naturalidad que las piezas quedarán a la intemperie y luego se retirarán cuando termine la construcción. «Al estar a la intemperie siempre les puede pasar algo. Ya sea que le escriban o le peguen cosas, así que esto no es diferente», dijo.
La muralista contó que buena parte de la experiencia pasa por el intercambio con la gente: muchos se detienen a conversar, hacen preguntas o comparten un mate con los artistas. Sus obras mezclan fantasía, magia y herbología, y disfruta cuando el público las interviene.
La obra que fue criticada y vandalizada
No todas las reacciones fueron positivas. Simón Salamida participó con una obra inspirada en una pintura del británico Banksy que recibió duras críticas en redes sociales y fue vandalizada con un grafiti que decía «Esto no es arte».
Lejos de tomarlo como un fracaso, Salamida lo interpretó como parte del efecto buscado. «La negación confirma que la obra cumplió su objetivo de sacudir al espectador y romper con lo establecido», respondió.
La repercusión llegó hasta medios internacionales, como el Center for Economic and Social Rights (CESR).
De Messi al Indio Solari
La galería también reserva lugar para los íconos populares. Los hermanos Gianfranco y Virginia Pelozo pintaron un mural de Lionel Messi como agradecimiento al futbolista, y sumaron otros personajes reconocibles: Lautaro Martínez, Gohan de Dragon Ball Z y un homenaje al Indio Solari con la frase «Nos merecemos bellas cosas y ocurrirán».
Sobre el cerco conviven dibujos animados de distintas generaciones, desde el ratón de Tom y Jerry hasta Fantasmático de Ben 10, además de figuras de anime y guiños de actualidad como un lienzo en blanco con la frase «lorem ipsum», el texto de relleno que se usa en diseño web.
El resultado es una galería sin una única voz ni un recorrido temático cerrado, donde conviven generaciones, técnicas y motivos distintos para pintar: desde quien se acerca por primera vez a un mural colectivo hasta artistas con una larga trayectoria en el espacio público.