Tacos, ropa llamativa y una rutina que creían haber dejado atrás: así vuelven a las calles las jubiladas sanjuaninas que ya no llegan a fin de mes. Lo que encuentran al salir a trabajar es lo que más preocupa a AMMAR.
En San Juan hay entre 1.000 y 1.200 personas que ejercen el trabajo sexual, según los números que maneja la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) en la provincia. Pero el dato que más preocupa a la organización es otro: entre las que se sumaron en los últimos tiempos hay mujeres jubiladas de más de 60 años que habían dejado la actividad y ahora volvieron.
La presidenta de AMMAR San Juan, Mariana Canovas, explicó que la crisis económica empuja a nuevas personas a la actividad y también rescata a otras que ya se habían retirado. El rango etario de quienes trabajan va de los 18 a los 65 años.
El problema, según su testimonio, es que la jubilación mínima y la reducción de la cobertura de medicamentos no alcanzan. Muchas de estas mujeres deben elegir entre pagar el alquiler, comprar comida o afrontar el costo de los remedios.
Volver a una actividad que habían dejado
El regreso de adultas mayores al trabajo sexual es uno de los focos de alerta para AMMAR. No solo tienen más dificultades para conseguir clientes: sus condiciones físicas tampoco son las mismas que cuando ejercían años atrás.
A eso se suma la exposición a burlas y malos tratos. Canovas contó que algunas mantienen formas de vestirse y arreglarse propias de la época en la que trabajaban, con tacos y ropa llamativa, mientras que las modalidades y la apariencia de otras trabajadoras fueron cambiando con el tiempo.
Ese contraste las deja expuestas a las burlas de quienes pasan por el lugar donde trabajan, incluidas otras mujeres. La dirigente describió el escenario como especialmente preocupante: además de tener menos chances de conseguir servicios, enfrentan precariedad y violencia.
La falta de oportunidades laborales golpea a todas las trabajadoras sexuales, pero en las adultas mayores los obstáculos para acceder a otras fuentes de ingresos son todavía más grandes.
Insultos y objetos arrojados en la calle
Durante las recorridas de AMMAR, las integrantes reciben relatos de hostigamiento contra trabajadoras sexuales y personas travestis-trans. Según esos testimonios, grupos numerosos pasan por los lugares donde trabajan, las insultan y les arrojan objetos.
Los episodios afectan tanto a personas travestis-trans como a mujeres cis, aunque hasta el momento no escalaron a hechos de violencia física de mayor gravedad.
El protocolo entre compañeras
Frente a los riesgos del ejercicio, AMMAR armó una estrategia de acompañamiento a través de grupos de WhatsApp, con compañeras que trabajan tanto en la vía pública como en departamentos privados.
Cuando una trabajadora se retira con un cliente, otra registra la patente del vehículo o, si no puede obtener ese dato, alguna descripción de la persona y del rodado. Además acuerdan un tiempo de referencia para mantener el contacto.
Si se cumple el plazo y la trabajadora no responde mensajes ni llamados, las compañeras se comunican con la Policía. Es una herramienta preventiva para que ninguna quede sin acompañamiento y poder reaccionar ante una situación de peligro.
El cupo trans y la falta de empleo
Canovas también apuntó contra la falta de oportunidades para personas travestis y trans. Cuestionó que el cupo laboral trans no tenga una implementación efectiva en San Juan y señaló que las dificultades para conseguir empleo en el ámbito privado condicionan la inserción.
Mencionó que en Capital y Rawson hubo experiencias de incorporación laboral de personas trans, pero remarcó que se concretaron hace años y que no se generaron nuevas vacantes. Por eso, desde la organización buscan llevar la problemática a la Cámara de Diputados para impulsar medidas.
La dirigente sumó otro obstáculo económico: el costo de determinadas intervenciones quirúrgicas para feminizar rasgos. Esas necesidades, junto con la discriminación en el mercado laboral, profundizan las dificultades para acceder a otras fuentes de ingresos.
En paralelo, la situación económica general también impacta en la actividad. La caída del consumo y las dificultades para afrontar los gastos cotidianos repercuten en un trabajo que, para muchas personas, es la fuente de ingresos con la que cubren necesidades básicas como el alquiler.