Dejó el Banco Nación y creó una empresa que ya factura en tres países
Economía · Mendoza

Dejó el Banco Nación y creó una empresa que ya factura en tres países

Una economista mendocina dejó su trabajo en el Banco Nación, armó una startup con dos socios y hoy factura en cinco países. Lo que encontró en el camino la obligó a cambiar el rumbo, y el modelo que la salvó no nació en Argentina.

María Fernanda Bonesso renunció a su puesto como analista financiera en el Banco Nación en 2018 y, junto a dos socios, fundó Agrojusto, una startup que hoy lleva tecnología de venta a pequeños agricultores de México, Honduras, Guatemala, Argentina y Chile. La empresa nació para resolver un problema que, según su fundadora, sigue tan vigente como el primer día.

“Buscamos que los productores reciban un pago justo por su trabajo, que los comercios escalen sus ventas y que las personas paguen un precio razonable por los alimentos”, resume Bonesso al explicar la visión de la firma, que fue distinguida por BID LAB.

Del aula mendocina a la expansión internacional

Economista egresada de la UNCuyo en 2009, Bonesso completó después dos maestrías, una en la UBA y otra en la Universidad Torcuato Di Tella. Antes de emprender pasó años en el Banco Nación, un empleo que describe como un mandato familiar más que como una elección.

“Me costó mucho, porque yo me imaginaba haciendo otras cosas y me encontré siempre con techos”, recuerda. En ese contexto, una enfermedad inmunológica la obligó a frenar y a replantearse el rumbo. “Fue un antes y un después”, dice.

Después llegó una beca en España vinculada al sector bancario y, más tarde, un concurso que la llevó al directorio del banco en Buenos Aires. Allí conoció a César, a quien señala como uno de sus grandes mentores. Fueron cuatro años en la capital, en los que también terminó sus posgrados y empezó a construir una casa en Mendoza junto a su pareja.

El regreso a la provincia no fue sencillo. “Más formada y más especializada, volví al banco más descalificada de lo que me había ido”, relata. Fue entonces cuando tomó la decisión que hoy marca su biografía: “Ahí decidí salir de la queja e irme de allí”. No tenía plan B; la ayuda de su pareja y de su psicólogo fue clave para ordenar la ansiedad y avanzar.

Una planilla que se convirtió en empresa

La idea de Agrojusto surgió de varias piezas que se fueron acomodando. Bonesso vio una necesidad sin resolver que la tecnología podía atender, y se la presentó a Nacho y a Matías, dos socios que venían del rubro tecnológico. Lo que empezó como una planilla tomó forma de startup. Luego se sumaron Nelson, Juan, Nico y otro Nico en Chile.

El disparador familiar fue concreto: sus padres todavía no tenían la certificación orgánica de sus damascos y olivos en Maipú, y la empresa buscó acompañarlos en ese proceso con un diferencial. La solución se pensó para la agricultura mendocina, con el sueño de que cruzara fronteras. “Sorpresivamente pasó”, admite hoy, cuando la mayor parte del trabajo está fuera del país.

Tras desarrollar varios prototipos, se presentaron a un desafío del área de innovación del Banco Interamericano de Desarrollo. Ganaron, obtuvieron un capital semilla que les permitió dar un salto tecnológico y se vieron obligados a constituir la sociedad formalmente.

Cómo funciona la herramienta

Agrojusto brinda plataformas de venta, tiendas online, páginas web y capacitaciones en ventas con perspectiva digital. “Sabemos que hoy lo que genera un diferencial en este sector es la tecnología”, afirma su fundadora.

La empresa se vincula con ONGs que trabajan codo a codo con agricultores en distintas regiones. En lo comercial, aporta esas herramientas y formaciones para que los productores incorporen tecnología a sus procesos.

“Sigue intacto el problema por el cual nacimos, que es mejorar las condiciones comerciales de los pequeños agricultores. Vamos mutando año tras año, encontrando distintas aristas, distintas formas de lograr una solución”, sostiene.

México, el salto que cambió el modelo

La sostenibilidad comercial en Argentina fue una marcha y contramarcha constante. En un contexto de fuerte inestabilidad económica, el equipo decidió salir a México, donde ya tenía vínculos, y cambiar a un esquema de programas apoyado en fondos internacionales y filantrópicos.

Allí comenzaron a trabajar con la organización NUUP, con un contrato firmado hace dos o tres años, y recorrieron distintas zonas para conocer a los agricultores. “Las ONGs trabajan como corporaciones, son de alto nivel y están integradas por gente muy formada”, describe Bonesso.

El programa cuenta con el apoyo de la Fundación Kellogg’s, que fondea este tipo de acciones, y de Nacional Monte de Piedad, un banco que financia programas de formación y soluciones a problemas sociales o ambientales.

Con ese contrato lograron fondearse al 100%. La actividad de Agrojusto es un híbrido entre el impacto real y lo que puede pagar el usuario. “Gracias a este modelo de negocio, vivimos de lo que vendemos”, subraya.

Un equipo chico, un desafío grande

El día a día con un equipo distribuido no le resulta complicado porque son pocos: entre seis y siete personas, a las que a veces se suman cinco o seis más según los esquemas con las ONGs. “Hay tantas ganas de hacer cosas que me encantaría tener un equipo de 50 personas”, confiesa.

La metodología es flexible y dinámica, con relaciones de colaboración. “Trabajamos a la par, no existe la figura del jefe, pero hay mucha coordinación, disposición y confianza para delegar”, explica.

El desafío inmediato es seguir creciendo y sostenerse, ahora con menos tiempo disponible: fue mamá hace poco. “Estamos atravesando un cambio estructural y también personal”, reconoce.

El consejo a otros emprendedores

Bonesso no romantiza el camino. “Emprender es difícil y no está bueno romantizarlo. La única manera es que te apasione lo que hacés”, afirma.

Y cierra con una invitación directa: “Si tenés una personalidad en la que te vuela la cabeza hacer cosas que te gustan, si te molesta estar donde estás, no esperes más tiempo, hacelo, porque las cosas se van destrabando siempre y cuando tengas claro lo que querés hacer”.

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