Diez minutos antes de estrellarse, la joven copiloto mandó un mensaje: qué decía
Una copiloto de 20 años, un empresario tecnológico con sus dos hijos pequeños y un comandante de 55 años: quiénes iban en el Learjet que cayó en Florida y qué reveló la familia de la joven sobre sus últimas horas.
Nueve personas murieron el domingo cuando un Learjet privado cayó cerca de West Palm Beach y explotó. Con el correr de las horas se conocieron las identidades de todos los ocupantes y dos relatos que conmovieron a Florida: el de una copiloto de 20 años que aprendió a volar en la secundaria y el de un empresario tecnológico que viajaba con su esposa y sus dos hijos pequeños.
La aeronave había despegado de Austin, Texas, rumbo a las Bahamas. Según las primeras informaciones difundidas por medios estadounidenses, atravesó condiciones meteorológicas adversas antes de perder altura de manera repentina. La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) y la Administración Federal de Aviación (FAA) trabajan para reconstruir los últimos minutos del vuelo.
El mensaje que llegó minutos antes
La familia de Nathalia Gadelha Filgueiras reveló al diario New York Post que la joven, de 20 años, le escribió a su novio —también piloto— unos diez minutos antes del impacto. En el mensaje le avisaba que estaba atravesando turbulencias. Fue una de sus últimas comunicaciones antes de que el avión cayera en picada.
Su madre, Camila Corteleti, confirmó su identidad a The New York Times y al New York Post. Nathalia viajaba como copiloto de la aeronave y había sacado su licencia de piloto en 2023, cuando tenía apenas 17 años.
El comandante también fue identificado: se trataba de Jeffrey Gregory, de 55 años. Su nombre figuraba en el manifiesto de vuelo al que accedió CBS News Miami, según informó ese medio, y la información fue corroborada por una fuente con conocimiento directo del caso. La confirmación forense oficial de todas las víctimas todavía estaba en proceso.
La chica que volaba aviones pero no podía manejar un auto
La historia de Nathalia ya había sido noticia tres años antes del accidente. En octubre de 2023, cuando cursaba el último año de la West Boca Raton Community High School, en Florida, obtuvo su licencia de piloto gracias a un programa de formación aeronáutica financiado por el distrito escolar de Palm Beach.
Su logro tenía una particularidad que llamó la atención de la televisión local: podía pilotear aviones, pero todavía no tenía permiso para conducir un automóvil. “Algunas personas piensan que es raro que pueda volar aviones, pero no conducir un auto. A mí me parece gracioso”, declaró entonces a la cadena WPEC-TV.
El programa incluía entrenamiento en simuladores de vuelo, prácticas con drones y formación especializada en aviación. La joven siguió desarrollando su carrera y consiguió una habilitación para volar el Learjet involucrado en el accidente, aunque los registros de la FAA indican que no estaba autorizada para desempeñarse como comandante de ese modelo. Su madre confirmó que estaba a bordo como copiloto. Hasta el momento, los investigadores no establecieron qué funciones cumplía cada integrante de la tripulación en los últimos instantes del vuelo.
El empresario que decía vivir un sueño
La otra historia es la de Adam Robinson, un empresario tecnológico de 45 años con una carrera exitosa en el marketing digital. Fue cofundador de Robly, una plataforma de campañas por correo electrónico, y fundador de Retention.com, compañía que usa tecnología para identificar a los visitantes de sitios de comercio electrónico y vincularlos con direcciones de correo. Era una figura conocida en el ecosistema tecnológico de Austin, donde tiene su sede esa empresa.
En una entrevista reciente con el podcast ProfitLed había contado que su mayor satisfacción no pasaba por los negocios, sino por la vida familiar que había construido en Aspen, Colorado, donde residía con su esposa, Helen Sharp, y sus hijos Emma, de 4 años, y Charlie, de 2. Los cuatro murieron en el siniestro.
“Siento que estoy viviendo un sueño”, afirmó. Contó que podía ver a sus hijos todas las mañanas y todas las noches, que ya no necesitaba viajar demasiado por trabajo y que su esposa estaba feliz porque había podido dedicarse de tiempo completo a su actividad artística. “Me encanta poder ver a mis hijos por la mañana y por la noche, no tener que viajar tanto por trabajo y vivir en este lugar que siempre fue mi sueño”, había dicho.
Su muerte provocó una fuerte conmoción entre sus colegas. “Adam era parte del tejido emprendedor de Austin”, expresó Thom Singer, director ejecutivo del Austin Technology Council, una organización que promueve el desarrollo de la industria tecnológica local. Se trata del segundo accidente aéreo fatal que golpea al sector empresarial de esa ciudad en 2026, después de la muerte en junio de Joshua Baer, un inversor que dirigía una firma de capital de riesgo dedicada a financiar empresas emergentes.
Quiénes eran las otras víctimas
Además de la familia Robinson y de los dos pilotos, en el avión viajaban Anita Maria Cetina, que ayudaba a cuidar a los niños, y Rachael Reed y Charmi Fehr, dos mujeres cercanas a la familia. Los familiares de los siete pasajeros emitieron un comunicado conjunto para expresar su dolor: “Nuestros corazones también están con las familias de los pilotos, que están atravesando este duelo junto a nosotros”.
Los investigadores buscan establecer si las turbulencias, la posible acumulación de hielo u otros problemas técnicos pudieron haber contribuido al accidente. El avión se precipitó sobre una zona cercana a West Palm Beach antes de explotar y dejar un profundo cráter en el pavimento.