El blanco y rosa vuelven a las chacras del Alto Valle: la postal que ilusiona a los productores
Cada primavera, los productores del Alto Valle miran al cielo con una mezcla de ilusión y nervios. La floración ya tiñó las chacras de blanco y rosa, pero hay un factor climático que puede cambiarlo todo.
La llegada de la primavera transforma el paisaje de los valles productivos de Río Negro y Neuquén. En las chacras, los frutales de carozo comienzan a florecer y los tonos blancos y rosados de durazneros, ciruelos, damascos y otros frutos de carozo anuncian el despertar de los cultivos después del invierno.
Las hileras de frutales florecidos ofrecen por estos días una imagen característica de la región. Es una postal que se repite cada año, pero que también tiene un significado concreto para quienes trabajan en la producción: la floración marca una etapa clave en el desarrollo de los cultivos.
A partir de ahora, las condiciones climáticas tendrán un papel central. Las temperaturas, la disponibilidad de agua y especialmente la ocurrencia de heladas pueden incidir sobre una floración que dará paso al cuaje y posteriormente al desarrollo de los frutos.
Por eso, detrás del atractivo paisaje que ofrecen las chacras, existe también una mirada atenta de los productores. Cada flor representa la posibilidad de un futuro fruto y alimenta las expectativas sobre el comportamiento de la cosecha.
Los valles vuelven así a cambiar de color, y ofrecen todo su atractivo a la vista de los que viven en esta región, los que van de paso y los que ven en esas flores la esperanza de una buena cosecha.
Como todos los años, el inicio de la primavera pinta las chacras de los valles con sus colores y abre la puerta a un nuevo ciclo productivo para el que se viene trabajando desde hace meses con la puesta a punto de las plantas a través de la poda, el abonado, el emparejamiento y limpieza del terreno.
Río Negro Rural muestra a través de algunas imágenes cuál es el estado actual de la producción de carozos en las chacras del valle.




