El canciller ruso llegó al G20 y los europeos tomaron una decisión que obligó a suspender la foto oficial
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El canciller ruso llegó al G20 y los europeos tomaron una decisión que obligó a suspender la foto oficial

Los cancilleres europeos se negaron a posar junto a Serguei Lavrov y la foto oficial del G20 quedó suspendida. La cumbre arrancó con un gesto que expone la fractura con Washington y el creciente vínculo entre la Casa Blanca y el Kremlin.

La cumbre de cancilleres del G20 arrancó este viernes en Atlanta con un gesto que lo dice todo: la tradicional foto de familia se canceló porque varios líderes europeos se negaron a posar junto al canciller ruso, Serguei Lavrov. El episodio dejó al descubierto la fractura entre Europa y Washington, y el creciente entendimiento entre la Casa Blanca y el Kremlin.

La cita de dos días, que debía comenzar con la imagen protocolar de las delegaciones, quedó marcada por ese boicot silencioso. No es la primera vez: los europeos ya habían evitado aparecer en fotos con representantes rusos en otras reuniones del G20 este año, en rechazo a la invasión de Ucrania que Moscú sostiene desde 2022.

Un funcionario estadounidense, que habló bajo condición de anonimato, justificó la suspensión al señalar que buscaban evitar que “una oportunidad ceremonial para una foto se convirtiera en una distracción diplomática”.

Rubio, entre la agenda económica y la sombra de Lavrov

El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, abrió la sesión plenaria con una advertencia sobre las “crisis económicas y geopolíticas interconectadas, muchas de las cuales representan graves amenazas” para la economía mundial. Pidió a las potencias del foro —entre ellas China, India, Rusia, Japón, Alemania y Francia— coordinar esfuerzos frente a las tensiones en las cadenas de suministro de energía y alimentos, y defender la libertad de navegación.

Pero el malestar por la presencia de Lavrov pesó más que sus palabras. Rusia fue marginada por buena parte de Occidente tras invadir Ucrania, y el propio canciller sigue alcanzado por sanciones internacionales. Fuentes diplomáticas citadas por agencias remarcaron que su presencia “no normaliza en absoluto sus actos ni sus posiciones” y que “los europeos seguirán defendiendo firmemente su línea sobre Ucrania”.

El ministro de Relaciones Exteriores alemán, Johann Wadephul, fue tajante antes de viajar a Atlanta: “No hay normalidad con Rusia”. Y agregó: “Tenemos que intercambiar aquí, en la mesa, nuestras diferencias de opinión. Pero no debemos enviar señales visuales engañosas”. Wadephul anticipó que volverá a reclamar que Moscú acepte la oferta de alto el fuego ucraniana, comenzando por el mar Negro.

Ausencias y una cumbre que se juega su futuro

La canciller canadiense, Anita Anand, crítica de la participación de Lavrov, no asistió a la sesión inaugural. Su vocero argumentó que llegaba demorada por una cumbre entre Canadá y la Unión Europea en Montreal. El canciller sudafricano tampoco estuvo: no fue invitado por Estados Unidos, que ejerce la presidencia rotatoria del bloque.

El encuentro de Atlanta es antesala de la cumbre de líderes que se hará en diciembre en Miami, en el complejo Doral de Donald Trump. Sin embargo, las expectativas de avances concretos son bajas: una fuente diplomática anticipó que en lugar de una declaración final habrá apenas un resumen de la presidencia redactado por Washington.

La cita ocurre a pocos días de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos y en medio de un fuerte aumento de los precios globales de la energía, agravado por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada en febrero pasado.

Washington busca la vía diplomática con Ucrania mientras reclama la cooperación de Moscú para contener el precio de los combustibles, un tema central de la campaña electoral. Trump incluso invitó a su par ruso, Vladimir Putin, a Miami en diciembre. En paralelo, el mandatario suavizó algunas sanciones contra Rusia y promocionó un acuerdo para venderle diésel ante la escalada de precios, al tiempo que critica abiertamente al presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, por no cerrar un acuerdo de paz.

“Esta es la última prueba de fuego que tiene el G20, al menos bajo la presidencia estadounidense, hasta Miami”, afirmó a la agencia AFP Alisha Chhangani, del centro de pensamiento Atlantic Council. Para Heidi Crebo-Rediker, execonomista jefe del Departamento de Estado, la fragmentación actual es inédita: “Una división mucho mayor de la que jamás hayamos tenido”. Y remató: durante la última década, los países del G7 al menos “habrían acordado una plataforma coordinada antes de acudir al G20, pero ahora ni siquiera contamos realmente con eso”.

Agencias AFP, Reuters y AP

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