El caso que cambió todo: cómo resolvieron en 48 horas el triple crimen de Florencio Varela

Una pista clave apareció en una habitación de hotel. Lo que dijo la primera detenida cambió la investigación para siempre: "Sí, pero están muertas y enterradas allí". A un año del triple crimen de Florencio Varela, los investigadores revelan cómo resolvieron el caso.

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El caso que cambió todo: cómo resolvieron en 48 horas el triple crimen de Florencio Varela
El caso que cambió todo: cómo resolvieron en 48 horas el triple crimen de Florencio Varela

Se cumple un año del triple asesinato de Brenda, Morena y Lara en Florencio Varela, un caso que sacudió a la Argentina y que, por primera vez, expone cómo trabajaron los investigadores que lograron desenterrar la verdad. Los fiscales Carlos Adrián Arribas, Claudio Fornaro y Diego Rulli, junto al jefe de la DDI La Matanza, Flavio Marino, hablaron por primera vez y reconstruyeron la trama de un crimen que marcó un antes y un después en la historia del delito organizado en el país.

Hasta este caso, hablar de sicarios, crímenes por encargo o cuerpos mutilados como mensajes entre bandas remitía a México, Colombia o Perú. Argentina era un país de tránsito y consumo de drogas, con narcomenudeo y hechos aislados de violencia narco. Pero lo que ocurrió con Brenda, Morena y Lara mostró algo distinto: una organización con planificación previa, conexiones internacionales y una violencia extrema usada como castigo y mensaje disciplinador. Un año después, hay 17 detenidos y tres prófugos con pedido de captura internacional.

Los fiscales que reconstruyeron la trama

Arribas, Fornaro y Rulli integran el equipo de fiscales que intervino en la investigación. Trabajan en La Matanza, donde investigan muertes violentas a toda hora y muchas veces con recursos insuficientes. "La Matanza tiene un índice de asesinatos muy elevado y nuestro trabajo es 24/7. Lo que nos da fuerzas para seguir es que tenemos uno de los niveles más altos de esclarecimiento de crímenes de la provincia de Buenos Aires", cuenta Arribas, jefe de la fiscalía.

Los números lo respaldan: en 2025, el partido registró 138 investigaciones por homicidios dolosos consumados. En 123 de ellas, el 89,1%, había al menos un imputado o sindicado identificado. El dato no consuela a las familias, pero muestra que detrás de cada caso hay un trabajo cotidiano para identificar responsables.

En medio de esa rutina apareció un hecho que rompía todos los moldes: tres chicas desaparecidas juntas, una camioneta con patente falsa, autos coordinados, teléfonos que se apagaban, una casa turbia en Florencio Varela, conexiones con Perú y la sospecha de una venganza por un robo de droga. El expediente empezaba a mostrar que no se investigaba solo el asesinato de tres mujeres: había una organización detrás.

Además de la carátula de homicidio agravado y privación ilegal de la libertad, los funcionarios consideran clave la figura de femicidio. Entienden que existía una relación profundamente asimétrica entre las víctimas y sus victimarios. No era solo una cuestión de edad, aunque Lara tenía apenas 15 años. También pesaban la falta de recursos y las condiciones en las que vivían. Para los investigadores, fueron elegidas y sometidas aprovechando esa condición: eran mujeres, jóvenes y vulnerables frente a una organización criminal con una enorme diferencia de poder.

Las 48 horas hasta la casa del horror

También por primera vez habla Flavio Marino, jefe de la DDI La Matanza, el policía que llegó hasta la casa donde fueron asesinadas. Marino mide cada palabra y evita sumar más dolor a las familias. Desde el comienzo, dice, hubo algo que le llamó la atención: no era habitual que desaparecieran tres chicas al mismo tiempo.

La investigación empezó como una búsqueda de personas. Las buscaban vivas. Las cámaras permitieron identificar una Chevrolet Tracker blanca a la que habían subido las tres chicas; la patente no correspondía al vehículo. Después llegaron los teléfonos, las antenas, los testimonios y el trabajo de calle. El último impacto de los celulares redujo la búsqueda a un radio de unos 500 metros. Los vecinos señalaron una casa que conocían como "casa de transas". Habían pasado aproximadamente 48 horas desde el inicio de la investigación.

Cuando la Policía entró, Brenda, Morena y Lara no estaban. Había sangre en las paredes y en el techo. Algunos sectores habían sido limpiados con lavandina. Los perros no detectaron cuerpos sin vida. Nadie imaginó entonces que estaban enterradas en el patio trasero, debajo de un tanque de agua. La búsqueda siguió.

"Están muertas y enterradas ahí"

La pista llevó a Celeste González, la primera que confesó, y a su pareja, Miguel Villanueva, de nacionalidad peruana. La madre de Celeste contó que su hija le había dejado a su nieto y le había dicho que tenía un problema y debía esconderse. También recordó que había mencionado un hotel. El rastreo de antenas condujo al hotel alojamiento Cats, que esa noche estaba casi lleno. La Policía no sabía en qué habitación estaban los sospechosos ni tenía una imagen clara de ellos.

Los investigadores entraron en parejas, simulando ser clientes, ocuparon habitaciones cercanas y esperaron. Quienes se hacían pasar por parejas empezaron a escuchar por las paredes. Fue entonces cuando, en la habitación 9C, Villanueva pidió una bebida. El empleado que llevó el pedido pudo verlo y confirmó que coincidía con la descripción del hombre buscado. La Policía entró y detuvo a la pareja. Hasta ese momento, seguían buscando a las tres chicas con vida.

Celeste estaba aterrada y casi no hablaba delante de Villanueva. Marino decidió separarla. Le dijo que la Policía ya había estado en la casa y que las chicas no estaban. Entonces ella habló: "Sí, pero están muertas y enterradas allí". Un año después, Marino todavía se quiebra al recordarlo: "Hasta ese momento todos las buscábamos vivas. No esperábamos que estuvieran enterradas ahí".

Matar para disciplinar

La reconstrucción sostiene que Brenda, Morena y Lara fueron llevadas mediante un engaño. En algún momento del viaje habrían advertido que estaban entrando en una trampa. Según Marino, llegaron a la casa privadas de su libertad y bajo amenaza de armas. Allí comenzó el interrogatorio: querían saber quién había robado la droga y si detrás de ese robo había alguien más. Los propios investigadores reconocen que no pudieron determinar por completo quién se quedó con la droga ni si alguien ordenó el robo.

Lo que sí pudieron reconstruir fue la violencia. No las mataron al mismo tiempo. Cada una vio lo que les hacían a las otras. Hubo golpes, armas blancas y signos de defensa. La investigación sostiene además que parte de la secuencia habría sido transmitida en vivo a una decena de celulares a través de la aplicación Zangi, muy utilizada por sicarios en Perú. Del otro lado habría integrantes de la organización siguiendo lo que ocurría dentro de la casa. Para los investigadores, la intención iba más allá de matarlas: buscaban castigar y enviar un mensaje.

Por eso aparece una figura que atraviesa la causa: el narcofemicidio. Una modalidad conocida en países golpeados por grandes organizaciones criminales, pero que hasta entonces no se había visto con estas características en la Argentina. La antropóloga Rita Segato estudió cómo, en determinadas tramas criminales, la violencia extrema sobre el cuerpo de una mujer puede convertirlo en el lugar donde se inscribe un mensaje de poder y disciplinamiento dirigido a otros. Desde esa perspectiva, lo ocurrido excede el asesinato de tres mujeres: la forma de matarlas también era parte del mensaje.

"Nunca vi algo así"

Marino lleva 28 años en la Policía Bonaerense y dice que nunca había investigado un crimen semejante. El caso lo obligó a ampliar su expertise: cruzar cámaras, antenas, teléfonos, testimonios, vehículos, movimientos migratorios y vínculos entre personas que ocupaban distintos lugares dentro de la organización. Lo que había comenzado como la búsqueda desesperada de tres chicas desaparecidas terminó dejando al descubierto una estructura narco con conexiones internacionales, logística propia y una violencia que sorprendió incluso a investigadores acostumbrados a trabajar con homicidios.

Un año después hay 17 detenidos y tres prófugos con pedido de captura internacional. Marino sostiene que la organización que ejecutó el crimen fue desarticulada. La causa, sin embargo, todavía no terminó.

Las chicas pueden descansar en paz

En apenas unos días, una investigación que había comenzado con la denuncia por la desaparición de tres chicas consiguió llegar hasta la casa donde las habían llevado y detener a los primeros sospechosos. Después vendrían meses de teléfonos analizados, cámaras revisadas, testimonios y nuevas detenciones. Todavía hay tres prófugos con pedido de captura internacional y con rangos jerárquicos en la organización narco. La causa comenzó en la Justicia de La Matanza y luego pasó al fuero federal cuando la investigación dejó al descubierto la trama de narcotráfico.

Para las familias, ninguna investigación puede reparar lo ocurrido. Pero sí les da cierta tranquilidad saber que quienes las mataron están presos. Un año después sabemos mucho de lo que aquella primera noche era un misterio: cómo llegaron hasta esa casa y buena parte de lo que ocurrió puertas adentro. Sabemos también quiénes habrían participado y quiénes todavía son buscados. Y, lo más importante, se pudo determinar el móvil: por qué las mataron.

Queda una pregunta que ya no pertenece solamente a este expediente: si las muertes de Brenda, Morena y Lara marcaron el límite de esta forma de violencia narco en la Argentina o fueron apenas el punto de partida.

Lara, Brenda y Morena fueron asesinadas en Florencio Varela. (Foto: redes sociales)

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