El clima les juega en contra a los apicultores misioneros: la advertencia que corre por los apiarios
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El clima les juega en contra a los apicultores misioneros: la advertencia que corre por los apiarios

El Niño podría descargar más lluvia de la habitual sobre Misiones y los apicultores ya recibieron una advertencia: hay colmenas que corren riesgo de perderse. Qué conviene revisar en los apiarios antes de que el agua complique todo, y la medida con los caballetes que muchos todavía no aplican.

Los productores de miel de Misiones tienen por delante un desafío que no depende de ellos: El Niño podría traer lluvias por encima de lo habitual en los próximos meses y, en una provincia de arroyos, suelos bajos y precipitaciones generosas, anticiparse puede ser la diferencia entre salvar las colmenas o perder producción.

Por eso, los especialistas recomiendan no esperar: conviene empezar ya con la revisión de los apiarios, sobre todo los que están cerca de cursos de agua, en terrenos que drenan mal o en zonas donde los caminos rurales se vuelven intransitables tras varios días de lluvia.

No es solo el agua: qué pasa adentro de la colmena

El riesgo no se agota en una eventual inundación. Las lluvias persistentes recortan las horas de vuelo de las abejas, complican la recolección de néctar y polen y generan humedad dentro de las cajas. Si la situación se estira, las colonias consumen sus reservas sin poder reponerlas al ritmo normal.

La prevención, entonces, tiene dos frentes: la seguridad física de las instalaciones y el estado sanitario y nutricional de las abejas.

Colmenas en alto y traslados a tiempo

El primer paso es mirar dónde están ubicadas las colmenas. Los apiarios en zonas bajas o con antecedentes de anegamiento necesitan atención especial: una crecida repentina puede dejar el acceso complicado y poner en riesgo los materiales.

La recomendación es mantener las colmenas sobre caballetes firmes, sin contacto directo con el suelo. Así se reduce la exposición a la humedad y corre mejor el aire por debajo de las cajas.

Cuando el riesgo de inundación es concreto, conviene evaluar de antemano el traslado a sectores más altos y seguros. La decisión tiene que tomarse antes de que los caminos rurales se deterioren o directamente no se pueda entrar con vehículos. También hay que revisar la estabilidad de los soportes, sacar la vegetación que traba la ventilación y mantener despejados los accesos para poder inspeccionar.

En Misiones, donde muchas chacras combinan la apicultura con otras actividades agropecuarias, planificar los recorridos evita que el productor quede sin poder llegar a sus colmenas durante períodos largos.

Sanidad: no dejar los tratamientos para después

Una colmena debilitada por enfermedades o parásitos tiene menos margen para atravesar un estrés ambiental. Por eso se aconseja revisar el estado general de las abejas y cumplir con los tratamientos contra la varroosis según el plan sanitario. Esa enfermedad parasitaria, causada por el ácaro Varroa destructor, puede golpear fuerte la fortaleza de las colonias.

La indicación es concreta: no postergar las intervenciones hasta que pasen las lluvias, cuando el acceso a los apiarios podría complicarse.

También conviene observar cuántos cuadros están ocupados, si hay cría y cómo se comportan las abejas, para detectar a tiempo las colonias que necesitan atención especial. La humedad excesiva obliga además a vigilar problemas sanitarios ligados al debilitamiento, como la nosemosis. Cualquier decisión sobre tratamientos debe ajustarse al diagnóstico y a las recomendaciones técnicas.

Alimento: la reserva que define la supervivencia

Con varios días seguidos de lluvia, las abejas se quedan dentro de la colmena y el pecoreo —la actividad de recolección de néctar, polen y otros recursos— cae notablemente. Se corta el ingreso de alimento y la colonia empieza a tirar de sus reservas. Si eso se prolonga, sobre todo en colmenas con poca población o debilitadas, puede comprometer su desarrollo y su supervivencia.

Los especialistas aconsejan controlar antes la disponibilidad de reservas energéticas y proteicas, y prever alimentación suplementaria cuando la oferta natural no alcance.

Entre las opciones energéticas aparecen los preparados sólidos tipo candy y los jarabes de azúcar. En algunos casos se recomienda una proporción de dos partes de azúcar por una de agua, aunque en ambientes muy húmedos los alimentos sólidos suelen ser más convenientes porque incorporan menos humedad a la colmena.

Si falta polen, se pueden usar suplementos proteicos en tortas con más de 25% de proteína, colocadas sobre los cuadros de la cámara de cría. La cantidad y la frecuencia dependen de cada colonia y de los recursos florales que haya en el entorno.

Después del anegamiento, qué hacer primero

Cuando el agua ya entró, la primera tarea es evaluar los daños apenas las condiciones permitan entrar al establecimiento con seguridad. Hay que identificar las colonias que siguen vivas, ver cuáles necesitan asistencia inmediata y revisar todo lo que estuvo en contacto con el agua.

Los pisos, alzas y entretapas mojados deben reemplazarse, siempre que se pueda, por materiales limpios y secos. Eso mejora las condiciones internas y reduce la exposición prolongada de las abejas a la humedad.

En las colonias que quedaron con poca población puede convenir reducir el espacio interior con separadores: las abejas se concentran en menos superficie, cuidan mejor la cría y regulan más fácilmente las condiciones del nido.

Los materiales recuperables se retiran para limpiarlos, secarlos y desinfectarlos. La cera se puede aprovechar con los procedimientos de recuperación adecuados, mientras que pisos, techos y alzas necesitan acondicionarse antes de volver a usarse.

Si el terreno no permite entrar con vehículos, la sugerencia es juntar los elementos afectados en lugares elevados, sobre bases que eviten un nuevo contacto con el agua, hasta poder trasladarlos.

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