El encierro que eligieron miles de familias inmigrantes en EE.UU. por miedo al ICE
¿Qué llevó a padres a dejar sus empleos, sacar a sus hijos de la escuela y postergar consultas médicas? El estudio reveló el dato que explica el encierro de estas familias.
El endurecimiento de los controles migratorios en Estados Unidos cambió la rutina de miles de hogares con integrantes de distinto estatus legal. Una investigación del Urban Institute publicada en octubre reveló que los operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) empujaron a numerosas familias a encerrarse para reducir el riesgo de una detención.
El relevamiento tomó los testimonios de 34 madres y padres de familias latinas: 19 residentes en Chicago y 15 en Charlotte. En conjunto, representaban a 92 hijos, de los cuales 82 tenían ciudadanía estadounidense. De los adultos consultados, 26 eran indocumentados y cinco familias tenían una pareja que ya había sido detenida por las autoridades migratorias.
Los operativos que marcaron el clima
Las operaciones Midway Blitz, en Chicago, y Charlotte's Web, en Charlotte, formaron parte del contexto que analizó el estudio. Aunque con el tiempo la visibilidad de los grandes despliegues disminuyó, la preocupación por posibles arrestos siguió condicionando cada decisión familiar.
Para muchos hogares, evitar los espacios públicos se volvió una forma de proteger a los chicos de una posible separación. "A mí lo que me da miedo es que un día me van a parar y me van a agarrar y mis hijos se queden solos", contó al Urban Institute una madre de tres hijos que vive en Charlotte.
Trabajo, alquiler y comida: el golpe económico
El impacto laboral fue inmediato. Cerca de la mitad de las madres entrevistadas redujo sus jornadas o directamente dejó de trabajar para no exponerse en los desplazamientos. Más de la mitad de las parejas masculinas sufrió recortes de horas o perdió su fuente de ingresos, sobre todo en la construcción y la jardinería.
Con menos dinero, pagar el alquiler y los servicios básicos se volvió cuesta arriba: agua, gas y electricidad quedaron en jaque. Algunas familias debieron mudarse a viviendas más chicas, afrontar desalojos, pedir préstamos o echar mano a sus ahorros. También hubo casos de venta de vehículos y pedidos de ayuda a familiares.
La alimentación pasó a ser otra preocupación central. Muchos hogares recurrieron a bancos de alimentos, iglesias, escuelas y organizaciones comunitarias para conseguir productos de primera necesidad. Además, más de la mitad de las madres evitó solicitar o renovar el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP) por temor a las consecuencias migratorias.
Chicos que dejaron de ir a la escuela
El miedo a cruzarse con agentes migratorios también alteró la asistencia a clases. Cerca de la mitad de los padres señaló que sus hijos habían faltado a la escuela durante días, semanas o períodos más largos. Otros cambiaron los recorridos habituales, buscaron familiares que los acompañaran o pagaron traslados para reducir la exposición en el camino.
Los testimonios describieron a menores con miedo a salir de sus casas, incluso teniendo ciudadanía estadounidense. Una madre de Charlotte relató que su hija se negaba a ir a la escuela después de escuchar rumores sobre posibles operativos. "No va porque, aunque tiene que caminar dos cuadras nada más, ella dice: 'a mí me van a secuestrar, yo no quiero ir'. Y sí, se le nota el temor, es el hecho de no querer salir de casa", relató.
En Chicago, otra entrevistada notó una caída en las calificaciones de su hijo de diez años, junto con problemas para dormir y miedo a quedarse sin su madre. "Quería estar conmigo, decía que él no quería salir de clases y llegar a casa y saber que su mamá no estaba porque tenía miedo de que pudiera ser atrapada en alguna redada", señaló.
La continuidad educativa de los jóvenes adultos también se vio afectada. En una de las familias entrevistadas en Chicago, una joven de 20 años dejó la universidad para trabajar y aportar al pago del alquiler, las facturas y la comida. "Tuvimos que hacer como un plan de familia de que mi hijo, el mayor, y mi hija tenían que trabajar para ellos seguir con los gastos adelante", contó su madre.
Consultas médicas canceladas y ansiedad
El confinamiento tuvo consecuencias sobre la salud. Cerca de la mitad de las madres consultadas canceló o perdió citas médicas por miedo a moverse por la ciudad. Entre ellas había mujeres que necesitaban controles por cáncer, diabetes, hipertensión y afecciones cardíacas, que exigen seguimiento profesional.
Algunas familias demoraron la búsqueda de atención hasta que los problemas de salud obligaron a intervenciones urgentes. Frente a ese panorama, ciertas clínicas de Chicago organizaron traslados desde los domicilios para facilitar los estudios médicos.
En el plano psicológico, los padres describieron episodios de ansiedad, tristeza, ataques de pánico y alteraciones del sueño entre los menores. También irritabilidad, aislamiento y una necesidad constante de estar cerca de sus progenitores. Entre los adultos, el temor a una detención y a la separación familiar generó un estado de alerta permanente que complica sostener las rutinas cotidianas.
"Antes, nosotros hasta podíamos ir a la playa. Hoy no, ya ni eso, tenemos temor", dijo una madre de dos que vive en Charlotte. "Ya ni salimos, pues no planeamos salidas de nada, porque decimos que para nosotros lo importante es seguir un poco más en este país, pero ya no tenemos paz", agregó.