El mercado que hace furor en Corrientes ya tiene fecha para su segunda edición
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El mercado que hace furor en Corrientes ya tiene fecha para su segunda edición

La primera edición reunió a más de 40 expositores en el parque Cambá Cuá y la Municipalidad ya confirmó cuándo vuelve la feria. ¿Qué se podrá encontrar en los puestos?

La Municipalidad de Corrientes puso en marcha un Mercado de Pulgas que tuvo su debut el domingo 13 de septiembre en el parque Cambá Cuá y que sorprendió por la respuesta del público. La primera edición reunió a más de 40 expositores y a una gran cantidad de vecinos que recorrieron los puestos durante toda la jornada.

La propuesta se inspira en las ferias donde los objetos usados y las antigüedades encuentran nuevos dueños. Muebles, vajillas, libros, revistas, juguetes y piezas de colección son algunos de los artículos que se ofrecen en este tipo de encuentros, que además de habilitar el intercambio comercial permiten rescatar historias y recuerdos familiares.

Qué se pudo encontrar en el parque

Entre los productos que exhibieron los feriantes hubo vajillas, cristalería, libros, diarios, objetos de colección, artículos decorativos y discos de vinilo. Esa variedad hizo que cada puesto tuviera piezas con características y valores distintos, y atrajo tanto a quienes buscaban objetos particulares como a quienes solo querían recorrer la feria.

Desde el Municipio hicieron una evaluación positiva de la jornada. La subsecretaria de Políticas Ambientales, Mercedes Mestres, se mostró satisfecha por la convocatoria y agradeció a feriantes y visitantes. También subrayó la diversidad de artículos que encontraron quienes se acercaron al parque.

El balance del intendente

El intendente Claudio Polich también valoró el resultado de esta primera experiencia. Según explicó, la convocatoria superó las expectativas y hubo interesados que no pudieron participar porque la organización había fijado un cupo de expositores, una medida pensada para ordenar la actividad.

Para el jefe comunal, el mercado es una oportunidad para devolverle valor a objetos que muchas familias guardan en sus casas. Juguetes, libros, revistas y vajillas pueden pasar a otros propietarios y seguir formando parte de nuevas historias. Además, destacó el encuentro entre generaciones que se produce cuando los adultos comparten con los más chicos recuerdos ligados a esos artículos.

La iniciativa también tiene un costado económico para los vendedores, que pueden generar ingresos con objetos que ya no usan o que tenían guardados. Así, la propuesta combina el intercambio, el aprovechamiento de recursos y la posibilidad de abrir nuevas oportunidades.

La segunda edición, en preparación

La respuesta del público y la participación de los expositores impulsaron la continuidad del Mercado de Pulgas. Desde el área municipal anticiparon que la experiencia tuvo una recepción positiva y que la feria llegó para quedarse. La segunda edición ya se está preparando para la semana próxima.

La convocatoria para ser feriante sigue abierta y está destinada a quienes tengan objetos antiguos, usados o de colección en buen estado. Los interesados pueden preinscribirse hasta el martes, con la idea de sumar nuevos puestos y ampliar la variedad de artículos disponibles.

Para consultar los requisitos y acceder a la inscripción, los organizadores habilitaron el enlace bit.ly/convocatoriamercadodepulgas. Corrientes se prepara así para una nueva edición de una feria que mezcla oportunidades comerciales y objetos con historia.

De dónde viene el nombre “mercado de pulgas”

El origen del término depende de la fuente que se consulte, aunque la explicación más difundida remite a la traducción directa del francés “marché aux puces”, una denominación asociada a las pulgas que solían traer los muebles. Detrás de esa historia aparece también el desplazamiento de clases y la lucha de un sector por subsistir.

A finales del 1800, Francia atravesaba un proceso de transformación urbana y desigualdad social. En París, los antiguos barrios medievales fueron desplazándose y destruyéndose para dejar lugar a lujosos bulevares. Las clases más bajas conseguían dinero recogiendo y vendiendo los muebles que las personas de clase alta descartaban.

La nueva París buscaba una estética pulcra, prolija y lujosa, por lo que el mercado ambulante fue prohibido dentro de los límites de la ciudad. Poco a poco fue naciendo un nuevo comercio al norte de la ciudad, fuera de su jurisdicción fiscal, una ubicación que les permitía a los comerciantes no pagar impuestos por vender productos de segunda mano.

París era una ciudad obsesionada con el higienismo, una corriente médica y filosófica que asociaba la limpieza física con la moralidad. Los barrios desplazados, repletos de chozas de madera, eran el centro de la inmundicia en ese contexto. Las clases altas sospechaban que esos barrios y los productos que se comercializaban allí estaban infestados de plagas, y de ahí surgió el nombre despectivo que con el tiempo perduró.

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