La cadena que empezó con un camión de azúcar descargado a mano y hoy maneja siete sucursales en San Juan. Su fundador contó cómo hizo para crecer y qué necesita el empresariado local para no quedar en la banquina.
Manuel González, fundador de América Mayorista, repasó en una entrevista cómo pasó de vender café y especias detrás de un mostrador a manejar siete sucursales, un hotel y una consultora, con una obsesión que repite como un mantra: no dejar de pedalear.
En 1962, el padre de Manuel González vendió una finca y compró Café América, un negocio que ya llevaba ese nombre en el centro sanjuanino. Empezó con café y especias, pero los clientes —comerciantes que llegaban desde Zonda o Sarmiento con sus vehículos cargados— empezaron a pedir más artículos para no tener que recorrer varios locales. Así, de a poco, el surtido creció y el mostrador quedó chico.
Con el tiempo se sumaron Manuel y su cuñado Carlos Icazati, esposo de su hermana María Esther. Juntos construyeron una sociedad que, según González, nunca tuvo fisuras: “Siempre que habla Manolo González, habla de Carlos. Y siempre que habla Carlos, habla de Manolo”, resume.
De abajo: camiones descargados a mano y un primer autoservicio
En los comienzos hacían de todo: buscaban la mercadería, la facturaban, cobraban, cargaban los vehículos y descargaban los camiones. “Me acuerdo del primer camión de azúcar que trajimos desde Tucumán, con bolsas de 50 kilos”, recuerda. Había changarines para descargar, pero les parecía caro contratarlos. “Entonces dijimos: ‘Lo bajamos nosotros’. Y así lo hicimos”.
Ese esfuerzo los llevó a ampliar el surtido y a trasladarse a locales cada vez más grandes, hasta llegar a Hipólito Yrigoyen y Concepción, donde armaron el primer autoservicio mayorista. “Ese fue un gran despegue”, dice González.
Un padre astuto y una sociedad sin grietas
Manuel no llegó al negocio por elección vocacional: lo echaron del colegio. Su padre, con picardía, le dijo: “Así que te echaron. Hoy es viernes, el lunes estás trabajando”. Después lo pensó mejor y le corrigió: “No, mañana sábado estás trabajando”. A Carlos le pasó algo similar. Desde entonces, ambos empezaron a trabajar juntos y nunca se separaron.
“Siempre estuvimos juntos ideando cosas y tomando decisiones. Algunas veces cada uno desarrolló sus propias ideas, pero sabiendo que tenía al otro respaldándolo”, cuenta González sobre la sociedad con su cuñado.
Diversificarse para no quedar atados a un solo negocio
La idea de sumar otras actividades nació de una inquietud: no depender exclusivamente del mayorista. El padre de Manuel había iniciado con una finca hotel y luego se volcó a la hotelería. En medio de una inflación galopante, les dijo que no estaba acostumbrado a esa política económica y que prefería retirarse del negocio mayorista. Les dejó la administración a Carlos y a Manuel, que eran muy jóvenes, y se fue a trabajar al hotel.
Después apareció la oportunidad de participar en la privatización del Hotel Provincial. “Fueron oportunidades que surgieron porque siempre teníamos ganas de hacer cosas nuevas”, explica.
Para González, el comercio mayorista y la hotelería comparten un mismo objetivo: “Que el cliente se vaya conforme. Si atendés bien a una persona en un negocio, vuelve. Si la atendés bien en un hotel, también vuelve”.
Siete sucursales y una expansión que no se detiene
América Mayorista cuenta hoy con siete sucursales. “Nunca imaginamos que íbamos a llegar a esa cantidad”, admite. Las últimas aperturas fueron en calle Calívar y Nicanor Larraín. “Algunas decisiones fueron bastante improvisadas, pero terminaron funcionando muy bien”, reconoce.
La empresa sigue atenta a nuevas oportunidades: “Hoy existen sectores de San Juan que necesitan nuevas bocas comerciales y nosotros estamos observando esas posibilidades. Tenemos en carpeta dos o tres futuras sucursales”.
La Cadena América, un éxito con sabor a error
La Cadena América fue un intento de reunir a pequeños supermercados y comercios de barrio para que pudieran ofrecer mejores precios al público. La idea tuvo una aceptación enorme, al punto que los invitaron a jornadas de supermercados en Santa Fe para contar la experiencia. Sin embargo, no lograron sostenerla en el tiempo.
“Nos faltó organización. No establecimos reglas bien definidas desde el comienzo, como la superficie de los locales, la cantidad de productos, la ubicación y otras condiciones. Fue un proyecto más pasional que profesional”, admite González. Todavía quedan algunos carteles de Cadena América en distintos lugares.
Inflación, stock y el nuevo desafío de la estabilidad
Durante las crisis inflacionarias, el mayorista se protegió con mercadería. “La mercadería era nuestro capital y nuestro respaldo. Cuando había inflación, sabías que los productos iban a aumentar y tener stock te permitía protegerte”, explica. Pero el contexto actual es distinto: “La estabilidad te obliga a trabajar de otra manera. Hoy es más difícil que antes porque tenemos que readaptarnos. Antes la inflación te daba un colchón para equivocarte; ahora hay que mirar absolutamente todo. Hasta los centavos importan”.
Para González, el empresario debe tener capacidad de adaptación: “Hay que reaccionar rápido”.
Relación con proveedores: una comunidad de años
La empresa mantiene vínculos de larga data con sus proveedores. “Si el proveedor me vende caro, yo tengo que vender caro y terminamos perdiendo los dos. Entonces se establece una relación de cuidado mutuo”, sostiene. “Nosotros les ofrecemos espacio en nuestras estanterías, tratamos de cumplir con los pagos y ellos tienen que acompañarnos con los precios y las entregas”.
Recuerda una anécdota: hace años, ante un aumento fuerte que se venía, colocaron un cartel en la puerta para advertir a los clientes. “Se armó un lío tremendo. Recibimos críticas y hasta salimos en los diarios. Pero finalmente ocurrió lo que habíamos anticipado”.
Minería: expectativas enormes y cautela
El Grupo América aprovechó la primera etapa de la minería en San Juan para ampliar algunos negocios, como la incorporación de carne y mayor movimiento hotelero. “Como Grupo América no tenemos una participación directa muy grande en la minería. Sí tenemos familiares, como un sobrino y un hijo, vinculados a esa actividad, y una consultora que trabaja en el sector”, aclara.
Sobre el desarrollo del cobre, González es optimista: “Ojalá que se concrete todo lo que se está anunciando. Hoy se habla de San Juan y de Vaca Muerta prácticamente al mismo nivel. Amigos de Córdoba han venido a preguntarme en qué se puede invertir”.
El recambio generacional: delegar sin soltar del todo
La tercera generación ya está en la empresa: dos hijos de González trabajan en ella. La incorporación se está dando paso a paso, aunque el fundador reconoce que delegar es “difícil, recontra difícil”. “Muchas veces tenemos que tomar aire y decir: ‘Bueno, que se equivoquen’. Mi padre nos dejó el negocio cuando éramos muy jóvenes y nos equivocamos muchísimo. Esa fue la mejor enseñanza”, reflexiona.
La empresa buscó asesoramiento de expertos de Córdoba para planificar el futuro, pero el proceso quedó en pausa: “Primero necesitábamos resolver cuestiones del presente. Los asesores nos hablaban mucho del futuro y nosotros les planteábamos cómo íbamos a llegar hasta ahí si antes no resolvíamos determinadas cosas”.
Financiamiento: todo a pulmón
Las inversiones del grupo se hicieron casi en su totalidad con recursos propios. “No recuerdo que hayamos tenido financiamiento importante. En alguna oportunidad conseguimos créditos para equipamiento de supermercados, pero eran operaciones pequeñas. Las grandes inversiones las hicimos con nuestros propios recursos, muchas veces sacando dinero de donde no teníamos”, confiesa.
González reclama crédito accesible: “No podés desarrollar una inversión con tasas del 40%. Es imposible. Los bancos tendrían que ser los primeros en fomentar la inversión”.
El empresariado sanjuanino y el futuro
Para González, hoy los empresarios locales están “más llenos de expectativas que de realidades”. “Muchos hablan de proyectos que podrían comenzar en 2027, pero todavía hay incertidumbre. Las expectativas están y las ganas sobran. Lo que necesitamos es que existan créditos accesibles para poder invertir”.
Su filosofía de vida y de negocio se resume en una imagen: “Es como andar en bicicleta: si dejás de pedalear, te caés. Nosotros, gracias a Dios, toda la vida estuvimos pedaleando. Algunas veces tuvo más ganas de pedalear uno y otras veces pedaleó el otro. Pero nunca dejamos de hacerlo”.