El senador brasileño que usó Misiones para escapar y el doble estándar que nadie quiere ver
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El senador brasileño que usó Misiones para escapar y el doble estándar que nadie quiere ver

Un senador brasileño acorralado por la Justicia encontró en Misiones la ruta para escapar. El episodio desnuda un doble estándar que el editorial de Primera Edición pone bajo la lupa: mientras a unos se les facilita la fuga, a otros se los castiga sin miramientos. ¿Hasta cuándo se naturaliza?

La fuga de Flávio Bolsonaro a través de territorio misionero para eludir a la Justicia de Brasil desató una alarma geopolítica, pero el editorial de Primera Edición advierte que el verdadero peligro está en otra parte: en la resignación ciudadana.

El caso del senador brasileño Flávio Bolsonaro, que habría utilizado suelo misionero para burlar el accionar de la Justicia de su país, puso sobre la mesa un operativo que excede lo fronterizo y desafía los controles institucionales. El hecho, de por sí grave, encendió una señal de alerta que trasciende las fronteras.

Sin embargo, el editorial de Primera Edición sostiene que el foco no debe quedarse en la gravedad del episodio ni en las sospechas sobre complicidades encumbradas. El verdadero riesgo, plantea, está en cómo reaccionan los ciudadanos frente a este tipo de situaciones.

Un doble estándar que se naturaliza

Lejos de tratarse de un incidente burocrático o de un desvío menor en la rutina fronteriza, el caso expone una radiografía incómoda: mientras se despliega una tolerancia logística asombrosa para facilitar la evasión de un dirigente extranjero acorralado por la Justicia, el rigor estatal se ensaña cotidianamente con los sectores más vulnerables de la sociedad.

La pregunta que subyace, según el editorial, no es solo cómo ocurrió la fuga, sino por qué se corre el riesgo de aceptarla como parte del paisaje habitual.

El cansancio cívico, el caldo de cultivo

La historia demuestra que los peores atropellos institucionales no surgen de la noche a la mañana por la fuerza bruta, sino del cansancio cívico y de la resignación. Cuando una sociedad se acostumbra a no pedir explicaciones y asume que los negociados, la clandestinidad y el blindaje de los amigos del poder son inevitables, el pacto democrático se vacía de contenido.

El peligro de no interpelar al poder no se agota en la impunidad del momento. Es también la pedagogía nefasta que queda para las nuevas generaciones: el mensaje de que la ley se aplica según el apellido y que la verdad institucional es un lujo prescindible.

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