Fingió un ACV para zafar del juicio, pero la Justicia no le creyó: seguirá preso por lo que hacía puertas adentro
El empresario condenado por abusar de su hijastra durante 19 años seguirá tras las rejas, pero la fecha que fijó la Justicia para revisar su situación vuelve a poner en alerta a los vecinos de los barrios privados donde tiene propiedades.
El empresario neuquino condenado a 17 años por abusar sexualmente de su hijastra durante casi dos décadas continuará detenido en prisión preventiva, luego de que la Justicia avalara el pedido de la fiscalía para que no salga en libertad antes de que la sentencia quede firme.
La decisión se tomó en una audiencia de revisión de medidas cautelares realizada en la Ciudad Judicial, donde el fiscal jefe Maximiliano Breide Obeid argumentó que los riesgos de fuga y de no sometimiento al proceso siguen vigentes y se agravaron tras el veredicto del jurado popular y la imposición de la pena.
El abogado particular que actúa como querellante acompañó el planteo del Ministerio Público Fiscal. La defensa, en tanto, no presentó oposición a la propuesta.
Cuánto tiempo más seguirá tras las rejas
El juez de garantías Marco Lupica Cristo hizo lugar al pedido de la fiscalía y de la querella y resolvió prorrogar la detención por cuatro meses, hasta el 8 de marzo de 2027.
El calendario procesal tiene una fecha clave: el 18 de noviembre se realizará una audiencia de admisibilidad dentro del recurso, en la que la defensa buscará presentar prueba para una instancia de impugnación.
Como ese recurso todavía no está resuelto, la condena no se encuentra firme. Por eso las medidas de coerción apuntan a que J.R. llegue detenido al momento de empezar a cumplir efectivamente los 17 años de prisión.
La resolución significa un alivio para los vecinos de dos barrios privados donde el hombre tiene propiedades. Allí había tenido un breve pero impactante cumplimiento de prisión domiciliaria, cuando un Tribunal de Impugnación integrado por los jueces Mauricio Macagno, Federico Sommer y Liliana Deiub ratificó por unanimidad la domiciliaria.
El historial: un ACV simulado para evitar el proceso
Entre los antecedentes del condenado, de 68 años, quedó registrado que fingió un ACV con el objetivo de eludir el avance del proceso judicial. La pena impuesta implica, además, que podría pasar sus últimos años de vida tras las rejas.
El veredicto y la condena
El 1 de julio, un jurado popular declaró a J.R. culpable por unanimidad por el delito de abuso sexual con acceso carnal continuado, agravado por el resultado dañoso en la salud física y mental de la víctima, por su condición de guardador y por la convivencia preexistente, en concurso ideal con corrupción de menores.
En la audiencia de determinación de la pena, el juez técnico le impuso 17 años de prisión de cumplimiento efectivo y su inscripción en el Registro de Identificación de Personas Condenadas por Delitos contra la Integridad Sexual (RIPeCoDIS).
"Parecía un cuento": así empezó la causa
El abogado querellante, Caroselli, recordó ante LM Neuquén los detalles del caso y lo describió como un hecho "como para una serie de Netflix". En febrero de 2024 acompañó a la víctima a la Fiscalía de Neuquén para radicar la denuncia contra su padrastro.
El relato de la mujer generó incredulidad en el fiscal de turno. "Nos miraban de costado, yo les advertí que era un caso casi imposible de que entre en la cabeza de una persona, parecía un cuento", rememoró.
Como abogado insistió en la necesidad de un allanamiento inmediato a la casa ubicada en un barrio privado para conseguir los cuadernos donde el padrastro le había hecho escribir a la víctima un recuento de los abusos. La diligencia se concretó tres días después y permitió secuestrar esos cuadernos, que se convertirían en una de las evidencias centrales para acreditar los abusos y la corrupción de menores.
Los cinco cuadernos que definieron el juicio
Al cierre del juicio, los 12 integrantes del jurado popular pidieron revisar cinco cuadernos aportados como prueba. Cuando volvieron a la sala, el veredicto fue unánime: culpable.
Esos cuadernos habían sobrevivido al silencio y al ocultamiento. Estuvieron guardados durante más de 20 años en la planta alta de una casa de un barrio privado de Neuquén, dentro de un armario que los investigadores abrieron con orden judicial.
Durante el debate se transformaron en una de las pruebas más contundentes para sostener la teoría de la querella y de la fiscalía: que el empresario construyó un sistema de manipulación que le permitió abusar sexualmente de su hijastra desde que tenía 7 años hasta los 26.
El sistema de sometimiento: "Curaba enfermedades y dolencias"
A lo largo de las diez jornadas del juicio, la fiscalía no presentó los abusos como hechos aislados, sino como parte de un sistema edificado durante casi dos décadas. Su padrastro se hacía pasar por un médico con poderes espirituales, cuando en realidad le provocaba un daño psicológico y físico espeluznante.
El contenido exacto de los cuadernos no puede revelarse para proteger a la víctima. Durante el juicio, la prueba fue incorporada por una efectivo de Seguridad Personal de la Policía, que indicó qué dice cada uno de los cuadernos. Además, testigos declararon sobre su existencia y su contenido.
En su alegato de apertura, Breide Obeid definió al acusado como "un manipulador". Las pruebas aportadas mostraron que había creado un universo propio, con reglas que imponía puertas adentro de la familia y que debían mantenerse en secreto, clave para mantener silenciada a la víctima.
Fuentes judiciales allegadas a LM Neuquén señalaron que los cuadernos funcionaban como un diario íntimo, pero donde J.R. le hacía anotar desde muy temprana edad la forma y el período de los encuentros sexuales, en los que los abusos aparecían disfrazados de una misión mística y de tratamientos.
El empresario inculcó un comportamiento sectario. Según lo señalado a este diario, impuso una ley de energías que regía el funcionamiento familiar y a través de la cual, supuestamente, se podían curar enfermedades y dolencias. Aun con el invento de un conjuro, todo terminaba en abusos sexuales que pasaban como relaciones.
Mencionaron que utilizaba un discurso místico basado en energías, conjuros y una supuesta misión para justificar prácticas sexuales que la víctima, siendo una niña, no podía comprender como abusos.