Fue a tomar mate a lo de su vecina en Chimbas y la bala de un penitenciario le cambió el destino a los 16
Policiales · San Juan

Fue a tomar mate a lo de su vecina en Chimbas y la bala de un penitenciario le cambió el destino a los 16

Salió de su casa diciendo que iba a tomar mate a lo de una amiga. La encontraron sin vida en la casa de al lado, con un disparo en el pecho. El caso terminó con una condena, pero la pena dejó a la familia con la misma pregunta que el primer día.

La tarde del lunes 4 de octubre de 2010, Gisela Bazán tomó un poco de azúcar, se despidió de sus hermanos y salió rumbo a lo de una amiga para tomar mate. Tenía 16 años. Un rato después, la vecina del lado golpeaba desesperada la puerta de los Bazán: la adolescente estaba desmayada —o algo le había pasado— en su casa del Lote Hogar 43, en Chimbas, y necesitaban que fueran a verla.

La primera en entrar fue su hermana menor; detrás, su tío. La escena que encontraron no tenía nada de desmayo. Gisela estaba tendida en la cama, sin responder, con sangre y el orificio de un disparo de arma de fuego centímetros debajo de la mama derecha. Estaba muerta.

El disparo del vecino penitenciario

El autor del tiro fue el hijo de la dueña de casa: Andrés Leoncio Trigo Noriega, agente del Servicio Penitenciario Provincial. Esa misma tarde terminó detenido. Se hizo responsable del disparo y sostuvo desde el primer momento que había sido un accidente. Los policías de la Motorizada Nº 5, que llegaron antes que nadie, le secuestraron una pistola Ballester Molina 11.25.

Su versión fue respaldada por los únicos testigos del hecho: su madre y su hermano. Trigo declaró que aquella tarde sacó del ropero su arma reglamentaria para ir a trabajar y que, al manipularla, se le escapó un disparo. El proyectil impactó debajo de la mama derecha de Gisela y quedó alojado en la zona de la columna. La herida fue mortal. El penitenciario insistió en que nunca tuvo intención de dispararle.

La familia de la adolescente no encontró explicación alguna. Tampoco entendía qué hacía la chica en ese domicilio si había dicho que iba a tomar mate a lo de una amiga, ni por qué estaba en una habitación con el hijo de la dueña de casa manipulando un arma. La bronca se desbordó: atacaron a pedradas la vivienda de Trigo y su madre tuvo que ser retirada bajo custodia para evitar que la lincharan a ella y a sus hijos.

El cuerpo de Gisela fue retirado en una bolsa por Criminalística, en medio del estupor de los vecinos del Lote Hogar, mientras la jueza María Inés Rosselot y su secretario, Eduardo Gallardo, del Quinto Juzgado de Instrucción, inspeccionaban la habitación y la casa y daban directivas a los peritos.

De imputado por homicidio simple a procesado por dolo eventual

La causa avanzó con idas y vueltas en la calificación. Primero, Trigo fue imputado por homicidio simple. Después volvió a ser indagado, esta vez por homicidio simple con dolo eventual, pero se abstuvo de declarar. La jueza Rosselot consideró que el agente había actuado con indiferencia frente al peligro que implicaba manipular un arma de fuego en esas circunstancias.

En mayo de 2011 lo procesó por homicidio simple con dolo eventual y ordenó que continuara detenido. La resolución no estaba firme y la defensa podía apelarla. Así, el penitenciario siguió preso mientras el expediente se encaminaba al juicio oral.

El debate y una condena que no conformó a nadie

El juicio oral y público llegó a la Sala I de la Cámara Penal en abril de 2012. La defensa, a cargo del abogado José Oscar Torres, insistió en la tesis del accidente y cuestionó la capacitación que reciben los integrantes del Servicio Penitenciario para manipular armas. El fiscal de cámara Gustavo Manini pidió 13 años de prisión por homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego, con dolo eventual. El abogado querellante Juan Marcos Zapata reclamó 18 años.

El tribunal, integrado por Arturo Velert Frau, Agustín Lanciani y Raúl José Iglesias, no compartió la calificación de dolo eventual y condenó a Trigo por homicidio culposo. La pena: 4 años y 6 meses de prisión. Para la Justicia, la muerte de Gisela fue consecuencia de una conducta negligente en la manipulación del arma.

Para sus familiares, esa explicación nunca alcanzó. Quedaron convencidos de que detrás de la muerte había algo más, cuestionaron la versión del accidente y describieron a Trigo como un hombre violento. La historia de la adolescente que salió a tomar mate una tarde de 2010 dejó preguntas que ninguna sentencia logró cerrar.

Siguiente nota Policiales · San Juan

Salió a tirar la basura, vio a su ex embarazada con otro y volvió con un revólver

Seguí leyendo

Elegí tu provincia

Para ver tu edición local