Goya recordó a su primer obispo: el legado que sigue vivo 65 años después
¿Qué anécdota contó el obispo Canecín sobre su llegada a la diócesis y qué legado se busca mantener vivo?
La comunidad católica de Goya conmemoró el 29 de octubre el 65° aniversario de la llegada y asunción de monseñor Alberto Pascual Devoto, el primer obispo de la diócesis creada por el Papa San Juan XXIII el 10 de abril de 1961. La celebración reunió a los fieles en una memoria agradecida hacia quien es recordado como el «Apóstol de los Pobres».
El actual obispo de Goya, monseñor Adolfo Ramón Canecín, presidió la misa y expresó: «Hoy queremos tener sentimientos de profunda gratitud porque 65 años atrás llegaba el padre obispo Alberto Pascual Devoto; vamos a hacer una memoria agradecida». Además, invitó a la feligresía a mantener vivo el legado del primer pastor de la comunidad diocesana.
Una anécdota personal y un mensaje de unidad
Durante su homilía, Canecín agradeció la presencia de los fieles y compartió una anécdota de su llegada a la diócesis: «Cuando llegué a la Diócesis de Goya hace 11 años atrás, en el patio del Obispado se acercaron los periodistas y me preguntaron qué proyecto trae para la Diócesis y respondí ninguno, porque hay tres obispos que me precedieron y cada uno tenía un lema que yo los uní: ‘Siempre estaré contigo, sujeto a ellos, para servir y sean uno’; eso conforma una frase».
En esa línea de continuidad, el obispo —descrito como un «cura con olor a oveja» según el pedido del Papa Francisco— remarcó: «El único criterio de credibilidad es la comunión, sin comunión no se edifica el Reino de Dios ni la Iglesia; por eso, sigamos en el camino sinodal, porque caminar juntos en comunión, participación y misión».
El mensaje de monseñor Faifer
Al inicio de la misa se leyó una carta del obispo emérito Ricardo Oscar Faifer, predecesor inmediato de Canecín, quien destacó que la conmemoración «nos compromete a seguir viviendo el constante proceso de conversión hacia la Iglesia soñada por el Concilio». Faifer vinculó el aniversario con los desafíos actuales y llamó a caminar «por una iglesia sinodal: comunión, participación y misión». También evocó el lema de la visita del Papa León XIV a la Argentina e instó a comprometerse con una Iglesia «donde todos sean bienvenidos, todos enviados y todos anuncien».
Recuerdos de quienes lo conocieron
La hermana Alcira Blanco, de la Congregación de las Hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas, recordó la convicción de Devoto sobre la misión pastoral: «Estaba convencido de que la misión pastoral y evangelizadora del obispo está condicionada, en su gran mayoría, al diálogo sincero y frecuente con los sacerdotes». La religiosa, oriunda de Goya, lo definió como un «caminante incansable» que «compartía la realidad de sus ovejas respetando su libertad e idiosincrasia, haciendo honor a su lema episcopal: ‘Yo siempre estaré contigo'».
El padre Víctor Hugo Arroyo, ordenado sacerdote por el propio Devoto, aportó su testimonio sobre el día de la asunción: «Yo me acuerdo aquella tarde de aquel 29 de octubre de 1961. Monseñor Devoto inició una procesión muy solemne desde el Instituto Santa Teresa bajo un palio, acompañado por su pueblo. Siempre admiré su coherencia y la relación profunda entre su fe de cristiano, su papel de obispo, el mundo de hoy y la realidad social, ya que monseñor Devoto tenía un pie detrás del altar y el otro en la calle, en la vida y en el dolor de la gente».
Arroyo también rememoró que, debido a ese fuerte compromiso social, Devoto «estuvo bajo la estricta mirada y el control político del Estado durante los oscuros tiempos de la última dictadura militar».