Julieta Laso vuelve al tango con un disco que armó junto a Melingo: qué reveló sobre ese trabajo
Julieta Laso esperó años para cantar con Daniel Melingo. Cuando por fin lo logró, nació un disco que los llevó dos años y medio de trabajo. Ahora lo presenta en Rosario y contó qué pasó en ese proceso.
La cantante presenta “Fabriquera”, su sexto álbum, en el que Daniel Melingo puso la música sobre poemas de autores rioplatenses. La gira arranca en Rosario y ella cuenta cómo fue el proceso, marcado por la admiración y por la reciente despedida del maestro.
Julieta Laso tiene una voz difícil de olvidar: potencia, color y una aspereza que la instalaron como una de las intérpretes más reconocidas de la música popular argentina. Después de varios años al frente de la Orquesta Típica Fernández Fierro, encaró una carrera solista con un repertorio sólido. En septiembre pasado editó “Fabriquera”, su sexto disco, hecho codo a codo con Daniel Melingo, fallecido en junio. La primera presentación fue en el Margarita Xirgu de Buenos Aires y ahora sale de gira: Rosario es la primera parada, el viernes 6 de noviembre a las 20.30 en el Teatro Lavardén (Mendoza y Sarmiento).
Un regreso al tango con doce canciones
El álbum tiene varios motivos para ser especial. Para empezar, significa el retorno de Laso al tango después de “Pata de perra”, su trabajo anterior producido por el chileno Macha Asenjo, donde había explorado el folklore latinoamericano. “Fabriquera” reúne doce temas compuestos por Melingo sobre poemas de Julián Centeya, Carlos de la Púa, Dante Linyera, Evaristo Carriego, María Celeste Torre y Federico García Lorca, más una versión de “Con toda la mar detrás”, del español Patxi Andión.
El resultado tiene una calidad musical que llama la atención incluso cuando era previsible: nace del encuentro entre dos artistas de peso. También es la culminación de dos años y medio de trabajo artesanal y de un vínculo de admiración que venía de mucho antes.
De “Tangos bajos” al Café Berlín
La historia se remonta a la adolescencia de Julieta. Cuando escuchó por primera vez “Tangos bajos”, el disco emblemático que Melingo publicó en 1998, tenía apenas 16 años y quedó fascinada. Más tarde, ya cantando, se propuso compartir escenario con “el maestro”, como lo llama siempre. El deseo se cumplió una década después, cuando él la convocó para una serie de shows en el Café Berlín de Buenos Aires. De ahí salió una complicidad que no se cortó y las ganas de hacer algo juntos.
“Lo que más recuerdo es el momento en que el maestro me llamó para que lo acompañe en varios conciertos. Cantar con él fue como tocar el cielo con las manos para mí y estaba muy feliz porque había esperado eso muchos años. Era un sueño que tenía desde que empecé a cantar, y en seguida se generó una relación hermosa. No nos soltamos más la mano. Yo le comenté de mi amor total por su obra, por ‘Tangos bajos’ y todos esos discos, y ahí apareció la idea de hacer algo juntos”, contó Laso en diálogo con La Capital.
Un disco hecho “al óleo”
El proceso fue largo y detallista. “El maestro era muy trabajador, muy de amar lo que hacía, así que trabajamos mucho, casi dos años y medio. Grabamos, escuchamos, volvimos a grabar, cambiamos sonoridades, fue un trabajo muy minucioso y sobre todo muy enfocado en la voz, en encontrar lugares distintos para cada canción. Eso nos llevó tiempo y por suerte pudimos tomarnos ese tiempo para hacerlo de la manera en que queríamos. El disco hace rato que estaba listo, así que pudimos cerrar todas las decisiones juntos”, agregó la artista.
Laso recuerda que Melingo describía esa minucia como un trabajo “al óleo”. El resultado es una obra imponente y singular, de las que aparecen cada tanto. Su voz, que ya tenía una cualidad interpretativa muy fuerte, en “Fabriquera” aparece en otras capas y otras tonalidades, llevada a mayor profundidad.
“Es algo que no había hecho mucho. Fue un trabajo fuerte, porque no es que me salía naturalmente lo que está grabado. Ahora escucho el disco y no me reconozco en algunas canciones, lo cual me gusta mucho. Pero es lo decidimos y lo buscamos, no es que salía naturalmente, por eso regrabamos tanto y por eso también estoy muy feliz con el resultado. Y claro, ahora es un desafío para el vivo. Por eso y por muchas cosas más, este disco es muy importante para mí”, relató.
Duelo, homenaje y agradecimiento
La partida de Melingo atraviesa la presentación del álbum con duelo, homenaje y gratitud. “Fabriquera” es además uno de los últimos eslabones del legado artístico de una figura enorme de la música nacional. Sus composiciones invocan cierta oscuridad, cierta espesura orillera, reconocen la tristeza y la hostilidad del mundo, pero desde ahí buscan una luz y un impulso hacia adelante.
“La verdad siento que sí tiene tristeza y oscuridad, pero para mí es un disco que va para adelante con fuerza. Siento que viene de una persona que está reconciliada con la vida. Sobre todo hay muchas canciones de María Celeste Torre que son muy luminosas”, apuntó Julieta sobre las letras de quien fue la compañera de vida de Melingo.
Poetas para descubrir
El disco abre también un universo poético y literario poco canónico, con la excepción de Lorca, que invita a indagar. “Yo era fanática del disco, me sabía todas las canciones, sabía que los temas eran por ejemplo de Julián Centeya o de Carlos de la Púa pero no había leído sus libros, y son maravillosos. Los súper recontra recomiendo. ‘La crencha engrasada’ de Carlos de la Púa, o ‘La musa de barro’ de Centeya son librazos, y es verdad que son autores que para mucha gente son conocidos pero para mucha otra no”, compartió.
La banda del maestro y una puesta soñada
La grabación tuvo a músicos que acompañaron a Melingo durante los últimos veinte años: Javier Casalla, Camilo Ferrero, Patricio Cotella, Agustín Della Croce y Muhammad Habibi Guerra. Esa misma tropa acompañó el estreno en vivo de “Fabriquera”, que se hizo hace una semana en el Teatro Margarita Xirgu. La puesta estuvo a cargo de Endi Ruiz y la cineasta María Alché, directora del video “Corazón y hueso”, con participación de Cristina Banegas. El espectáculo retomó el universo estético del disco, con el arte visual de Alejandro Ros, las fotografías de Nora Lezano y el vestuario de Alberto Moccia.
“Lo había hablado con el maestro Melingo. Él todo el tiempo me decía que hiciéramos puesta, y yo no soy muy de hacerlo, pero me animé. Fue muy emocionante. La verdad que lo hicimos con todo el amor. El teatro estaba colmado, más la emoción que representa para mí este disco. Estuvo muy hermoso pero también muy intenso. Los estrenos son cosa difícil, una tiene demasiados nervios, así que espero poder disfrutarlo un poco más en las próximas funciones”, rememoró.
Rosario, primera parada de la gira
Para la gira, ese despliegue grande se transforma en una propuesta más sencilla, aunque no menos potente. “Es imposible porque éramos como treinta personas. La idea siempre fue, y esto también lo hablamos con Melingo, moverme con la base instrumental más importante para el disco que es la guitarra y el contrabajo. Así iremos, más despojados, pero con muchas ganas. Es un camino que recién comienza y está todo muy vivo. La función de Rosario es la segunda que vamos a hacer. Obviamente cambia todo y por eso tengo muchísimas ganas de vivirlo y experimentar todo lo que va a pasar, porque una tampoco lo sabe. Venimos ensayando mucho y estamos muy felices con lo que se escucha”, cerró la cantante.
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