La iglesia ordenó la vida en La Quiaca antes que el Estado: qué rol cumplió
Sociedad · Jujuy

La iglesia ordenó la vida en La Quiaca antes que el Estado: qué rol cumplió

Un historiador reconstruyó cómo era La Quiaca antes de que el Estado tuviera presencia firme en la frontera. La Iglesia anotaba los nacimientos y los matrimonios, y hubo un detalle que unió a la ciudad con Villazón durante siglos.

Antes de que el Estado argentino tuviera una presencia firme en el extremo norte de Jujuy, fue la Iglesia Católica la que organizó la vida cotidiana de La Quiaca. Así lo explica Marcelo Jerez, doctor en Historia, docente de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu) e investigador del CONICET, quien reconstruyó ese pasado en diálogo con la prensa.

Su análisis no se limita a lo religioso: la institución funcionó durante siglos como una estructura ordenadora en lo social y en lo político, un rol que mantuvo incluso en los primeros años de la etapa republicana, cuando los Estados nacionales todavía se estaban consolidando.

Cuando la Iglesia anotaba los nacimientos

En localidades alejadas de los grandes centros administrativos, como La Quiaca, la Iglesia se ocupó de tareas que más tarde asumiría el propio Estado. Entre ellas, el registro de nacimientos y matrimonios, además de distintas actividades ligadas a la educación.

Jerez señala que, si bien el Estado argentino ya existía, su presencia institucional tardó en afianzarse en ciertas zonas de frontera. Ese vacío lo cubrió la institución religiosa, que siguió ocupando un lugar central en la organización comunitaria.

"La Iglesia también va a cumplir un factor fundamental, fruto de esta larga presencia histórica que va a tener en la región, no solamente en el ámbito religioso, sino que muchas veces como una institución ordenadora en lo social y en lo político", explicó el historiador.

Dos ciudades que fueron una sola región

La Quiaca y Villazón aparecen hoy separadas por una frontera internacional, pero durante mucho tiempo formaron parte de un mismo espacio con intensos intercambios sociales, económicos y culturales.

Según el investigador, esos lazos son anteriores incluso a la llegada de los españoles y se profundizaron en la época colonial, cuando la actividad económica del noroeste giraba alrededor de las minas de Potosí. El norte miraba hacia el interior del continente, muy lejos del modelo posterior que orientó el comercio argentino hacia el puerto de Buenos Aires.

La religión también cruzaba esa línea: hubo sacerdotes que desarrollaron su tarea a ambos lados, tanto en La Quiaca como en Villazón.

Una investigación que piensa la frontera como integración

Hace unos tres años, Jerez empezó a trabajar con un equipo interdisciplinario de la UNJu y el CONICET en un proyecto para estudiar la frontera argentino-boliviana. Participaron historiadores, antropólogos y comunicadores con el objetivo de analizar las relaciones sociales, políticas, económicas y culturales de la región.

El enfoque buscó correrse de la mirada tradicional: comprender la frontera no solo como un límite entre países, sino como un espacio de integración.

"Lo que más nos llamó la atención fue analizar esta frontera no solamente como un elemento de división política entre un país y el otro, sino más bien como una zona, una región de integración", destacó.

Del trabajo surgió una cartilla de divulgación histórica titulada La frontera argentino-boliviana, con fotografías, imágenes e información sobre el desarrollo de la zona. Según indicó el investigador, está disponible para descargar de forma gratuita.

Como ejemplo actual de esa integración, Jerez mencionó la Manka Fiesta, una celebración que sigue reflejando los vínculos comerciales y culturales entre las poblaciones de ambos lados de la frontera.

El ferrocarril, el origen de una ciudad

La Quiaca no nació como otras ciudades jujeñas. San Salvador de Jujuy, por ejemplo, tiene raíces coloniales. La ciudad fronteriza, en cambio, surgió como parte de un proyecto vinculado con la expansión del Estado argentino y el desarrollo del ferrocarril.

Entre fines del siglo XIX y principios del XX se impulsó la extensión de las vías hacia el norte, con la idea de conectar el mercado boliviano con el puerto de Buenos Aires y fortalecer el modelo agroexportador. En ese marco se proyectó una estación ferroviaria en el extremo norte de Jujuy, y ese proyecto terminó impulsando la creación de la ciudad en 1907.

Así, el crecimiento de La Quiaca combinó su ubicación estratégica en la frontera con el desarrollo de las comunicaciones y del comercio regional.

Una identidad compartida

Para Jerez, entender los orígenes de La Quiaca exige mirar la participación de distintas instituciones y los lazos que históricamente unieron a las poblaciones de Argentina y Bolivia. La Iglesia Católica, el ferrocarril y la consolidación del Estado argentino fueron algunos de los factores que moldearon la identidad de esta ciudad del norte jujeño.

El investigador remarca que estudiar la frontera desde una perspectiva regional permite reconocer que, más allá de las divisiones políticas, La Quiaca y Villazón sostienen una historia común que sigue apareciendo en sus costumbres, sus relaciones sociales y sus actividades económicas.

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