La manzana que se tira tiene un segundo destino: lo que logró la UNRN en Villa Regina
El descarte que deja la industria juguera y sidrera tiene un destino que hasta hace poco nadie miraba: en Villa Regina lo convirtieron en ingrediente alimentario y la UNRN se llevó un premio en Buenos Aires. Qué productos pueden llevarlo y qué pasa con las toneladas que hoy se pierden.
Un equipo de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) acaba de quedarse con una mención especial en el concurso Alimentación del Futuro 2026, que se realizó en Buenos Aires. El desarrollo que presentaron no parte de una materia prima noble: trabaja con el orujo de manzana, el descarte que deja la industria juguera y sidrera, y lo convierte en un ingrediente apto para alimentos.
El trabajo se lleva adelante en la planta piloto de alimentos sociales que la casa de estudios tiene en Villa Regina. Profesionales y técnicos de ese espacio fueron los que recibieron la distinción.
Una habilitación que abrió la puerta
El terreno para este proyecto se allanó el año pasado, cuando la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía y la Secretaría de Gestión Sanitaria del Ministerio de Salud firmaron una resolución que metió al orujo de manzana seco dentro del Código Alimentario Argentino (CAA) como ingrediente autorizado para uso alimentario.
Esa decisión le dio respaldo normativo a lo que la UNRN venía ensayando en su planta piloto: aprovechar un residuo que hasta hace poco se descartaba.
Qué gana el orujo con el proceso
El orujo es lo que sobra después de procesar la fruta. Lejos de ser un desecho inerte, contiene compuestos de interés nutricional que normalmente se pierden en el camino. El equipo desarrolló un proceso de extrusión que consigue aumentar la disponibilidad de los polifenoles y elevar el contenido de fibra soluble, lo que facilita su uso como ingrediente en la formulación de alimentos.
En números, ese subproducto representa entre el 25 y el 30% del peso total de la manzana fresca. Su composición es mayormente pulpa y cáscara (95%), con semillas (2-4%) y pedúnculo (1%). Se caracteriza por su alto contenido de fibra, azúcares y antioxidantes, según datos relevados por investigadores de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
Con la habilitación del CAA, el orujo puede usarse como ingrediente directo o molido en la elaboración de panes, budines, pizzas, galletitas, barritas de cereal, infusiones y rebozadores. Es decir, se abre una puerta para diversificar productos con valor agregado.
Qué implica el premio
La mención especial no es solo un certificado. El proyecto accede a mentorías técnicas y estratégicas de la Fundación IDEX.LA, a espacios de vinculación con empresas líderes de la industria alimentaria y a oportunidades de visibilidad regional.
El bioquímico Rodolfo Ardenghi, presidente del Ciati, destacó que el reconocimiento valora la capacidad de vincular la investigación científica con la producción para resolver problemas concretos de la industria.
El concurso Alimentación del Futuro busca reconocer y promover soluciones científicas e innovadoras que transformen la industria alimentaria de América Latina hacia modelos más saludables, accesibles y sostenibles. En su segunda edición recibió 135 proyectos de nueve países de la región (Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, México, Perú, Uruguay y Venezuela) y distinguió a cinco propuestas finales: tres primeros premios y dos menciones especiales.
El volumen que hay detrás
La medida se enmarca en el Plan Nacional de Reducción de Pérdidas y Desperdicio de Alimentos, que promueve el uso eficiente de los recursos en toda la cadena agroalimentaria. El reconocimiento normativo facilita la incorporación del orujo a circuitos comerciales, mejora el aprovechamiento de materias primas y potencia a la industria regional.
Los números explican el interés. Según el Senasa, en 2024 la producción nacional de manzanas frescas llegó a 434.190 toneladas, de las cuales cerca del 27% se destinó a la industria para jugo y sidra. Ese mismo año el mercado argentino de sidra superó los 43 millones de litros, con una proyección de crecimiento del 5,1% para 2025. Más producción industrial implica más orujo disponible y, por lo tanto, más materia prima con potencial de aprovechamiento.
Imagen ilustrativa. En la foto, la entrega de la distinción. Gentileza UNRN.