La UIA se cansa del modelo y arma su propio equipo de economistas: quiénes se sientan en la mesa
La UIA reunió a economistas de todas las corrientes para discutir el rumbo del modelo y reclamar por el RIGI y las importaciones. Los números que tiene sobre la mesa explican por qué la entidad no está dispuesta a esperar sentada.
La Unión Industrial Argentina (UIA) relanzó su Consejo Académico y reunió a economistas de las más diversas corrientes para debatir el rumbo de la economía y proponer políticas de desarrollo productivo. El escenario no es sencillo: la actividad fabril en caída, las importaciones avanzando y un gobierno, el de Javier Milei, con el que la entidad mantiene diferencias sobre cómo y a qué ritmo debe abrirse la economía.
La movida se conoció a pocos días de la Conferencia Industrial anual, fijada para el 5 de noviembre, y deja ver la inquietud de la dirigencia empresaria frente a un cóctel que combina desregulación, competencia externa y serias dificultades para recuperar los niveles de producción de otros años.
Mientras tanto, la UIA negocia con el Gobierno medidas para mejorar la competitividad de las empresas locales y reclama que los beneficios del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) se extiendan a otros sectores industriales. La discusión, sin embargo, no se agota en los incentivos fiscales: también abarca el tipo de cambio, la carga tributaria, el costo del financiamiento y la capacidad de las firmas argentinas para competir con productos importados, sobre todo los que llegan desde China.
Quiénes se sientan a la mesa
El presidente de la UIA, Martín Rappallini, fue el impulsor de este espacio de trabajo, que quedará coordinado por Federico Poli. La idea es reunir periódicamente a especialistas con diagnósticos y propuestas distintas, para incorporar una mirada industrial al debate macroeconómico. El objetivo no es menor: los indicadores del sector muestran que la recuperación sigue sin consolidarse y que muchas ramas manufactureras continúan por debajo de sus registros históricos.
El primer encuentro se hizo en la sede de la entidad fabril, con un almuerzo del que participaron Ricardo Delgado (Analytica), Marina Dal Poggetto (Eco Go), Eduardo Levy Yeyati (Universidad Torcuato Di Tella), Andrés López (Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA), Carlos Pérez (Fundación Capital) y Rodolfo Santángelo (Macroviews).
Al Consejo Académico también se sumarán Ricardo Carciofi (CIPPEC), Juan Carlos Hallak (UBA), Matías Kulfas (Universidad Nacional de San Martín), Fernando Navajas (FIEL) y Martín Rapetti (Equilibra). Son trayectorias y miradas distintas, pero con un punto de partida común: la necesidad de discutir las condiciones macroeconómicas en las que se desenvuelve la producción industrial.
"La intención es reunirse una vez por mes y tener economistas con distintas miradas de mediano y largo plazo sobre la economía argentina", explicó Rappallini durante el encuentro.
RIGI, importaciones y dólar: los ejes del reclamo
Uno de los objetivos del espacio es elaborar diagnósticos y propuestas que permitan evaluar las consecuencias del programa económico sobre la estructura productiva. El debate incluye diferencias sobre la política cambiaria y el ritmo de la apertura comercial, pero también la preocupación por la combinación de importaciones crecientes, demanda interna debilitada y costos locales que, según la dirigencia industrial, complican la competencia.
En la reunión hubo dos ejes centrales: el impacto del RIGI y las consecuencias de la entrada de productos chinos. La UIA sostiene que los incentivos para grandes inversiones deberían alcanzar a más actividades manufactureras, porque los beneficios fiscales y cambiarios otorgados a determinados proyectos no necesariamente se traducen en mejores condiciones para el conjunto de las empresas.
La propuesta de extender ese esquema a la industria también responde a una discusión de fondo sobre el trato que reciben los distintos sectores. El gobierno libertario presenta la apertura y la desregulación como herramientas para mejorar la productividad; los industriales advierten que la transición puede profundizar las diferencias entre las empresas con ventajas fiscales o capacidad financiera para competir internacionalmente y aquellas que producen para el mercado interno.
El tipo de cambio es otro de los puntos que preocupan. En la visión de los referentes fabriles, un dólar que evoluciona por debajo de los costos internos encarece la producción local en términos relativos y abarata las importaciones, sobre todo cuando las empresas deben afrontar impuestos, financiamiento costoso y otros componentes del llamado costo argentino. Con ese panorama, la reducción de aranceles puede traducirse en una mayor presión competitiva antes de que las firmas locales hayan logrado mejorar su estructura de costos.
Los números que explican la preocupación
El malestar tiene un respaldo concreto en las estadísticas. Según el último informe del Centro de Estudios de la UIA, la producción manufacturera registró en septiembre una caída del 0,2% respecto de agosto en la medición desestacionalizada y una contracción interanual del 3,4%. Con ese resultado, la actividad acumuló una baja del 2,8% en los primeros nueve meses del año frente al mismo período anterior y quedó un 11% por debajo de los niveles de 2022 y 2023.
Los datos muestran que las variaciones positivas de algunas ramas o meses no alcanzan para revertir el deterioro acumulado, y que la comparación con períodos de actividad deprimida puede dar una imagen más favorable que la evolución efectiva de la producción. El relevamiento, coordinado por Francisco Abramovich, combina indicadores de consumo de energía eléctrica, demanda de insumos industriales y consultas a referentes del sector privado.
De los 16 sectores contemplados en el indicador, 11 registraron retrocesos interanuales. Las contracciones más pronunciadas se dieron en equipos eléctricos, con una baja del 26%, y en la fabricación de maquinaria y equipo, que retrocedió un 24%, principalmente por la menor producción de maquinaria agrícola. También hubo caídas en actividades vinculadas al consumo masivo y a los insumos industriales: prendas de vestir, cuero y calzado bajaron un 15% interanual; los productos de metal, un 10%; y la industria textil, un 9%. Son sectores expuestos tanto a la evolución de la demanda interna como a la competencia de bienes importados.
En la comparación mensual, en cambio, crecieron 10 de los 16 sectores relevados. Ese dato debe leerse con cuidado: la baja base de comparación de los meses anteriores explica buena parte del movimiento. La recuperación de una parte de la producción después de una contracción pronunciada no implica, por sí sola, que se haya alcanzado una tendencia sostenida de crecimiento.