Le dieron 28 días para gobernar Israel y ya avisó que el país está al borde de un "punto de no retorno"
Internacional

Le dieron 28 días para gobernar Israel y ya avisó que el país está al borde de un "punto de no retorno"

Le encargaron formar gobierno y lo primero que hizo fue advertir que Israel se acerca a un "punto de no retorno". Sus propios aliados ya le marcaron los límites y el reloj corre: los detalles del pulso que define el futuro político del país.

El exjefe del Ejército israelí Gadi Eisenkot aceptó la misión de armar un nuevo gobierno y, en el mismo acto, lanzó una advertencia que retrata la gravedad del momento: el país se encamina hacia un "punto de no retorno". Lo dijo este domingo en la residencia presidencial de Jerusalén, minutos después de que Isaac Herzog le entregara formalmente el mandato para constituir el Ejecutivo.

"Nos encontramos en un estado de emergencia, acercándonos a un punto de no retorno para el Estado de Israel. Debemos formar un gobierno de emergencia nacional", sostuvo Eisenkot ante periodistas, según consignaron las agencias ANSA y Reuters.

El líder del Bloque del Cambio llega con la promesa de clausurar la era de Benjamin Netanyahu, pero también con la conciencia de que tiene por delante una de las ingenierías políticas más difíciles que recuerde la historia reciente del país.

Un respaldo que no alcanza

En las consultas que Herzog hizo con las distintas fuerzas, Eisenkot reunió el respaldo de 67 legisladores. Netanyahu, en cambio, cosechó 46. Ese número le dio al exmilitar la etiqueta de candidato con más chances, pero no le garantiza nada: la Knesset tiene 120 bancas y para investir un gobierno hacen falta al menos 61.

Los números propios tampoco cierran solos. Su partido, Yashar, consiguió 21 escaños; la alianza de cuatro formaciones que integra el Bloque del Cambio sumó 48. A ese bloque podrían agregarse los 19 legisladores de los dos partidos que representan a la minoría árabe, que lograron una representación sin precedentes.

Del otro lado, el Likud fue la fuerza individual más votada, con 27 bancas, pero su coalición religioso-nacionalista quedó en 53, por debajo de la mayoría necesaria.

El escollo de los aliados

El primer obstáculo aparece dentro del propio campo opositor. Varios de sus potenciales socios se resisten a apoyarse en las formaciones árabes para sostener la estabilidad parlamentaria. Avigdor Liberman, al frente de Israel Nuestra Casa, descartó tanto un gobierno de unidad con Netanyahu como un Ejecutivo en minoría que dependa de los partidos árabes.

Sin embargo, el líder ultranacionalista laico flexibilizó su postura sobre una eventual alianza con los partidos ultraortodoxos, con una condición: que acepten una ley que obligue a los hombres de esas comunidades a cumplir el servicio militar, una de las demandas centrales del Bloque del Cambio.

"Dada la realidad actual, para evitar nuevas elecciones y poner fin a la era de Netanyahu, no queda más remedio que tomar decisiones difíciles y resolver las cuestiones en las que sea posible mostrar flexibilidad y encontrar un terreno común", argumentó.

El reclutamiento de los ultraortodoxos es, justamente, otro foco de fricción. El partido de Naftali Bennett exige que esos sectores cumplan con el servicio obligatorio, mientras las formaciones religiosas se oponen de plano, lo que enreda cualquier negociación para sumarlos a una coalición.

Las condiciones que puso Eisenkot

En ese contexto, el exjefe del Ejército apeló directamente a sus adversarios del Likud y de Sionismo Religioso, la fuerza que conduce Bezalel Smotrich, para que respalden un gobierno bajo su conducción si de verdad creen que el país necesita unidad.

Y enumeró sus exigencias para integrar el nuevo Ejecutivo: el reconocimiento de Israel como Estado judío y democrático, el servicio nacional obligatorio para todos y el compromiso de destruir las capacidades militares y de gobierno de Hamas, al que calificó como organización terrorista.

Netanyahu, que seguirá como primer ministro hasta que se forme el nuevo gobierno, había pedido el sábado un Ejecutivo de unidad entre todas las fuerzas del campo nacional y sionista, aunque dejó afuera de forma expresa a los partidos árabes. Tampoco aclaró si estaría dispuesto a integrar una administración encabezada por su rival.

El reloj corre y el país mira

Eisenkot tiene 28 días para formar gobierno, con la opción de pedir una prórroga de otros 14. Si fracasa, Herzog podría encargarle la tarea a otro legislador, probablemente Netanyahu. Y si tampoco así se consiguen los apoyos, Israel quedaría obligado a convocar nuevas elecciones.

Mientras las negociaciones avanzan, el Bloque del Cambio ya planea disputar espacios de poder en la Knesset incluso antes de que se constituya el Ejecutivo. La primera movida sería reemplazar al presidente del Parlamento, Amir Ohana, del Likud, para ganar influencia sobre la agenda legislativa.

El propio Eisenkot resumió la urgencia: "Existe una gran urgencia por un nuevo liderazgo, un liderazgo al que la gente pueda mirar a los ojos y en el que pueda confiar". Herzog, por su parte, le marcó el camino: "Espero que haga todo lo posible para constituir un Ejecutivo que represente a todo el país. El pueblo desea profundamente un Gobierno estable".

El trasfondo no es menor. Israel mantiene abiertos varios frentes de conflicto, entre ellos la posibilidad de un ataque iraní, mientras siguen pendientes los avances hacia la paz en Gaza y las negociaciones con el Líbano y otros países vecinos.

ישראל צריכה ממשלה חדשה.

ישראל צריכה מנהיגות שתישא על נס את המשותף לנו ותפתח את הדרך לעידן חדש - עידן של ציונות, סולידריות ורעות.

המשימה קשה והמלאכה עוד רבה, אך אני מאמין שההצלחה בהישג יד.

ישראל חייבת לנצח. ואעשה הכל על מנת שכך יהיה.

בעזרת השם, נעשה ונצליח!🇮🇱 pic.twitter.com/JB4eAXAdty

— Gadi Eisenkot - גדי איזנקוט (@gadi_eisenkot) November 8, 2026
Siguiente nota Internacional

Trump dice que no hará falta atacar Irán, pero tiene 38 puentes en la mira

Seguí leyendo

Elegí tu provincia

Para ver tu edición local