Los llamaron "cucarachas" y ahora tienen en jaque a Modi
Los compararon con "cucarachas" y "parásitos de la sociedad". Meses después, esos mismos jóvenes tienen al gobierno de Modi respondiendo con miles de detenciones y una poda del padrón que dejó a 130 millones sin poder votar.
Un insulto lanzado en una sala de audiencias encendió una de las protestas juveniles más incómodas que haya enfrentado Narendra Modi en sus 12 años al frente del gobierno indio. El "movimiento de las cucarachas" se presenta como un partido satírico y ya le costó un ministro al oficialismo.
En su sitio web se definen como "La voz de los vagos y desempleados". Y aclaran el resto: son una agrupación "para los jóvenes a quienes no paran de llamar vagos, 'adictos a internet' y —más recientemente— cucarachas. Eso es todo. Esa es la misión. El resto es sátira".
Lo que arrancó como una broma de internet mutó en algo que el poder no logra encuadrar. Primero fueron memes y denuncias por corrupción y desempleo en las redes. Después, una marea de manifestaciones callejeras.
El origen: una comparación que no se olvidó
Todo confluyó en mayo pasado. Por un lado, el malestar de millones de jóvenes indios por una controversia en el examen de ingreso a medicina, que debieron repetir. Por el otro, una frase despectiva del presidente de la Corte Suprema, Surya Kant, sobre los desempleados que pasan horas en las redes sociales.
Durante una audiencia judicial, Kant los comparó con "cucarachas" y "parásitos de la sociedad". Intentó desdecirse después, asegurando que lo sacaron de contexto, pero para entonces la bronca ya tenía forma de movimiento.
El terreno estaba abonado: los jóvenes indios ya cargaban con enormes dificultades para acceder a una educación de calidad y a un empleo digno. Encima, un funcionario los equiparaba con uno de los animales más despreciados del planeta.
De la ironía a la calle
La Generación Z le dio vuelta el insulto. Con humor filoso y memes a granel, los activistas devolvieron los dardos contra burócratas y "carcamanes". La iniciativa dejó de estar en manos del juez Kant o del propio Modi.
Las primeras marchas de mayo fueron tan convocantes que forzaron la renuncia del ministro de Educación por el escándalo de los exámenes. El movimiento se consolidó como un espacio juvenil en un país donde los caminos hacia una vida digna se cierran cada vez más.
Más recientemente, una nueva ronda de protestas puso el foco en otra cuestión: la manipulación del padrón electoral. Una señal inquietante para un país que se enorgullecía de ser "la mayor democracia del mundo".
Los organismos internacionales ya venían marcando ese deterioro. En 2021, Freedom House bajó la calificación de la India de "libre" a "parcialmente libre". El V-Dem Institute, con sede en Suecia, hoy clasifica al país surasiático como una "autocracia electoral".
La mano dura y los 130 millones
El gobierno de Modi respondió con todo el peso del aparato estatal: arrestos preventivos de líderes, acordonamientos para impedir que la gente se congregue y detenciones de quienes lograban reunirse. En uno de los días más agitados, hubo 7000 manifestantes detenidos.
Pero el epicentro de la nueva ola de furia es otro: las autoridades electorales removieron del padrón nada menos que a 130 millones de votantes. Una cifra mayor que la población de la mayoría de los países del mundo.
La versión oficial habla de una limpieza necesaria de registros con nombres repetidos o de personas fallecidas. Sin embargo, las evidencias —incluidas las denuncias de ciudadanos borrados sin explicación— apuntan a una ingeniería electoral destinada a favorecer al oficialismo. Millones de musulmanes quedaron fuera del registro en determinadas regiones, lo que potenciaría el voto del nacionalismo hindú.
"Esos 130 millones han sido eliminados por completo de los padrones electorales; pero incluso aquellos que aún permanecen en ellos han tenido que esforzarse muchísimo para lograrlo. No ha sido fácil para nadie", explicó a LA NACION la periodista Jahnavi Sen, editora ejecutiva del sitio The Wire.
"Nuestro sistema electoral se concibió bajo la premisa de la inclusión, con la idea de que toda persona debe tener derecho a voto. Ese era, en cierto modo, el orgullo del sistema. Sin embargo, lo que han hecho ahora es darle la vuelta a todo: parece que el sistema funciona más sobre la base de la exclusión que de la inclusión", agregó.
Un calendario que inquieta
El politólogo estadounidense Ian Bremmer escribió en una columna que los censos electorales cobran especial relevancia de cara a las siete elecciones estatales previstas para 2027. Entre ellas se destacan las de Uttar Pradesh y Punyab, en el norte, y la de Guyarat —estado natal de Modi—, en el oeste.
El movimiento de las cucarachas ya no está solo. "El desencadenante que dio nacimiento al movimiento sucedió hace meses. Su foco original fue el sistema educativo. Más recientemente estallaron nuevas protestas en torno al sistema electoral y que involucran a más jugadores. Hay muchos actores de la sociedad civil. Los partidos opositores han sido muy proactivos en esto, un tema del que ya venían hablando", señaló Sen.
El gobierno minimiza y la oposición se suma
La retórica oficial intenta bajarle el tono a las protestas. Según la periodista de The Wire, "los ministros dicen que esta es una manera de expandir la anarquía, y también intentan decir que es algo que solo le interesa a la oposición política, pero claramente no es el caso. Tratan de hacerlo ver como una lucha política más que como una protesta ciudadana".
Modi no quiere saber nada con las cucarachas ni con quienes salen a la plaza a reclamar por un horizonte personal, social y económico cada vez más estrecho. Una economía que supuestamente crece, pero no genera empleos de calidad. Una maquinaria política que decide quién vota y quién no, y que reprime a quien levanta la voz.
El martes pasado, el primer ministro arengó en un evento: "Debemos identificar a los enemigos de la Madre India, debemos derrotarlos". Y agregó: "Las fuerzas que dañan el honor y la dignidad del país, la gente que divide la sociedad, la mentalidad de aquellos que odian nuestra cultura, estos son los enemigos del país".
El historiador y novelista Mukul Kesavan, en diálogo con Time, fue tajante sobre el efecto del movimiento: "Resulta evidente que el aura de amenaza y autoridad de Modi se ha disipado. Las burlas y la insolencia de esos 'jóvenes cucarachas' lograron algo que la solemne oposición ideológica no había conseguido: hacerlo parecer ridículo, anciano y desconectado de la realidad".
"No sé si estas protestas nos dicen algo sobre su alcance electoral; habrá que esperar a unas elecciones para saberlo. Los partidos de la oposición deben encontrar la manera de transformar este ímpetu en votos", completó.