¿Qué tienen en común el ajo, el vino y la economía argentina? Un solo factor externo podría complicar aún más a los productores mendocinos, según el análisis de Griffouliere.
El analista económico Enrique Griffouliere advirtió que una eventual devaluación del real brasileño y las dificultades climáticas complican a las economías regionales mendocinas, en un contexto de estancamiento prolongado.
La combinación de factores externos e internos tiene en vilo a los sectores productivos de Mendoza. Por un lado, la situación fiscal de Brasil y la posibilidad de que su moneda pierda valor frente al peso argentino. Por otro, las lluvias, la humedad y las heladas que ya golpean cultivos emblemáticos como el ajo, la vid y la oliva. Todo esto se suma a un escenario macroeconómico que, según el especialista, lleva quince años sin crecimiento significativo.
Brasil: el riesgo cambiario que preocupa a los exportadores
En diálogo con el programa Café 617 News, Griffouliere explicó que el déficit fiscal del país vecino podría generar presiones sobre el real. Si el peso argentino se mantiene relativamente fuerte y el real se deprecia, los productos nacionales se encarecen en términos relativos y pierden competitividad en ese mercado.
Las exportaciones argentinas a Brasil se ubicaron en los últimos años entre 11.000 y 13.000 millones de dólares anuales. Para Mendoza, ese mercado es clave: la provincia coloca vino, ajo, frutas secas, preparados alimenticios, aceite de oliva y derivados petroquímicos. Una pérdida de competitividad cambiaria se sumaría a las dificultades que ya atraviesan varias cadenas productivas locales.
Ajo: lluvias, humedad y cosecha complicada
La producción de ajo es uno de los sectores más comprometidos por el clima de las últimas semanas. Las precipitaciones dificultaron el inicio de la cosecha y generaron problemas de calidad en los cultivos que pudieron arrancarse. La elevada humedad provoca manchas, apertura de los bulbos y otros deterioros que afectan las condiciones comerciales del producto.
Además, las dificultades para ingresar a los campos demoran la recolección y agregan incertidumbre a una actividad fuertemente exportadora. Según Griffouliere, los productores con los que mantiene contacto esperaban una apreciación del real que favoreciera las ventas a Brasil. Sin embargo, el comportamiento de la moneda brasileña y las complicaciones climáticas cambiaron las perspectivas. El impacto no se limita a los productores primarios: la cadena abarca desde la cosecha y el acondicionamiento hasta el empaque, la comercialización y la exportación, por lo que cualquier deterioro significativo repercute en el conjunto.
Vino: más costos sanitarios por la humedad
La vitivinicultura también atraviesa un momento complejo, con dificultades vinculadas a los precios, la demanda y los costos de producción. Las lluvias obligan a intensificar los cuidados sanitarios de los viñedos para reducir los riesgos asociados a la humedad.
Griffouliere mencionó el análisis del enólogo Mariano Di Paola, quien advirtió que una cosecha puede mantener un buen potencial productivo, aunque requiera tratamientos adicionales para proteger los cultivos. En temporadas normales, algunas fincas realizan una o dos aplicaciones sanitarias en determinados períodos. Las condiciones actuales pueden exigir más intervenciones, con el consiguiente aumento de los gastos. El fenómeno climático, asociado a las condiciones que se esperan por El Niño, representa un desafío adicional. Aunque las lluvias no necesariamente implican una mala cosecha en todos los casos, sí pueden elevar los costos y complicar la calidad de la producción.
Aceitunas: heladas y competencia española
El panorama tampoco es alentador para el sector olivícola. Según expuso Griffouliere en la charla que mantuvo con los periodistas Luis Abrego y Gabriel Conte, las heladas provocaron daños importantes en los cultivos de Mendoza y hacen prever una merma considerable en la producción de aceitunas.
A esa situación se suma el escenario internacional. España, uno de los principales productores mundiales de aceite de oliva, viene recuperándose después de varios años afectados por sequías, incendios y otros problemas climáticos. La combinación de una menor producción local con una mayor oferta internacional podría generar un resultado desfavorable para los productores mendocinos: una caída en los volúmenes cosechados sin una mejora proporcional de los precios. El analista remarcó que los problemas climáticos no siempre se traducen en una suba de las cotizaciones, ya que el mercado también depende de la producción de otros países y de la disponibilidad global del producto.
Quince años de crecimiento casi nulo
Durante la entrevista, Griffouliere cuestionó la evolución de la economía argentina desde la aparición del denominado dólar blue, hace 15 años. A partir de los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), sostuvo que el crecimiento acumulado de la actividad durante ese período habría sido de apenas un 4%.
El analista vinculó ese desempeño con las restricciones cambiarias, la instauración del cepo, la carga tributaria y las retenciones a las exportaciones agropecuarias. Según su interpretación, esas políticas limitaron la capacidad de expansión de los sectores productivos y redujeron las oportunidades de generar divisas.
Como contraste, mencionó datos difundidos por la Fundación Mediterránea sobre la evolución de las exportaciones agropecuarias de Argentina y países vecinos. Según los números citados, la expansión argentina habría sido considerablemente menor que la registrada en Brasil, Uruguay y Paraguay. Griffouliere señaló que Argentina exportó más de 50.000 millones de dólares durante el último año y sostuvo que, si hubiera acompañado una trayectoria de crecimiento similar a la de sus vecinos, podría haber alcanzado unos 125.000 millones de dólares. Atribuyó esa brecha, principalmente, a las restricciones a la actividad exportadora y a las dificultades para desarrollar inversiones y ampliar la producción.
El Gobierno, el dólar y una recuperación gradual
En relación con la política económica nacional, Griffouliere consideró que el Gobierno de Javier Milei mantendría su orientación fiscal y monetaria, sin recurrir a una expansión significativa del gasto público para estimular la economía en el corto plazo. Si bien reconoció que esa estrategia puede implicar costos sociales y políticos, defendió la necesidad de consolidar un marco de estabilidad, previsibilidad y cumplimiento de las obligaciones financieras.
Respecto del dólar, sostuvo que el Ejecutivo cuenta con herramientas para contener posibles presiones cambiarias, entre ellas las reservas disponibles, los acuerdos de intercambio de monedas con China y Estados Unidos y las operaciones en el mercado de futuros. En ese marco, consideró que el tipo de cambio podría mantenerse relativamente controlado, salvo que se produzca un acontecimiento extraordinario que altere las condiciones económicas.
Sobre la recuperación de la actividad, el analista planteó que podría producirse de manera gradual si se consolida una mejora del salario real y comienza a reactivarse el consumo. Sin embargo, advirtió que esa evolución dependerá de que la tendencia favorable de los ingresos se sostenga en los próximos meses.
Confianza y consensos, la deuda pendiente
Finalmente, Griffouliere puso el foco en la necesidad de generar confianza para atraer inversiones y reducir el costo del financiamiento de la Argentina. En su opinión, la estabilidad de las variables macroeconómicas es importante, pero también resulta fundamental que exista previsibilidad sobre la continuidad de las reglas económicas.
El especialista cuestionó la falta de consensos entre las principales fuerzas políticas en torno a cuestiones como el equilibrio de las cuentas públicas, la independencia del Banco Central y el cumplimiento de las obligaciones financieras. A su entender, la ausencia de acuerdos básicos alimenta la incertidumbre sobre el rumbo futuro del país y condiciona la percepción de los inversores. Por ese motivo, consideró que la construcción de consensos permitiría mejorar las condiciones de financiamiento y reducir el riesgo país.
En definitiva, el diagnóstico expuesto por Griffouliere combina desafíos externos, dificultades climáticas y problemas estructurales de la economía argentina. Para Mendoza, la eventual depreciación del real y las complicaciones en las cosechas agregan presión sobre sectores que ya enfrentan costos elevados y dificultades comerciales, mientras que la recuperación sostenida de la actividad dependerá de la competitividad, la inversión y la estabilidad económica.



