4.169 mensajes analizados, tres dirigentes bajo la lupa y un dato que llama la atención: quiénes son los que más agraden y por qué el odio se concentra en un lugar inesperado de las redes.
Una investigación realizada en Posadas puso el foco en lo que pasa en las redes cuando una mujer habla de política en Misiones o en el país. El resultado es contundente: la desvalorización de su figura es sistemática y los ataques buscan censurarlas y excluirlas del debate público.
El dato surge de un estudio de Carla Chini, licenciada en Comunicación Social y especialista en Docencia Universitaria, centrado en la conversación digital y el análisis de redes sociales y medios de comunicación de la provincia.
La investigación se enmarca en la agenda de divulgación regional del Observatorio de la Trama Social de la Universidad de la Integración Sudamericana (UNISUD), espacio de investigación del que Chini es responsable.
Cómo se midió el fenómeno
El trabajo analizó una muestra de 4.169 interacciones registradas en las cuentas oficiales de medios de comunicación de alcance provincial y nacional en Facebook e Instagram.
Para eso se tomaron casos testigo de distintas arenas políticas. La diputada nacional Myriam Bregman aportó 2.920 mensajes relevados en redes de medios gráficos y portales de noticias; la diputada provincial misionera Paula Franco, 813 mensajes en redes de medios provinciales de TV y portales; y la dirigente y exfuncionaria Sandra Giménez, 436 mensajes en redes de radios provinciales.
La conclusión central es que el ecosistema digital no acompaña los avances en la participación política de las mujeres, como la Ley de Paridad de Género. Según el estudio, en el ejercicio diario de esa participación las mujeres chocan con una barrera persistente y violenta.
Quiénes atacan y con qué palabras
El relevamiento detalla que entre el 59% y el 65% de los ataques provienen de perfiles masculinos. En esos casos aparecen la descalificación intelectual, la sexualización explícita y la animalización, con términos como “yegua” o “burra”.
En tanto, entre el 32% y el 35% de los agravios fueron emitidos por perfiles de mujeres. Esos mensajes se focalizan en impugnar méritos profesionales, en sospechas de “acomodo” o en los lazos familiares, bajo lo que la investigación describe como un techo de cristal retórico.
Chini, maestranda en Comunicación, Cultura y Educación, precisó que el hostigamiento cambia de forma según la figura atacada: “mientras en figuras con agenda institucional y jurídica como Franco y Bregman el hostigamiento busca anular su autonomía profesional, asociándolas a vínculos familiares o patologizándolas como “locas”. En el caso de Giménez, la violencia viró hacia la agresión corporal y estética mediante burlas deshumanizantes sobre intervenciones físicas y envejecimiento”.
El papel de los que miran y reaccionan
El estudio no se detiene en los agresores. También apunta a quienes interactúan con esos comentarios y los convierten en entretenimiento. “Los comentarios agresivos concentran masivamente reacciones de validación social como “me gusta” y “me divierte”, consumiendo el odio hacia las dirigentes como contenido de entretenimiento, mientras que las expresiones de rechazo –“me enoja”- registraron un 0% absoluto”, sostiene Chini.
A eso se suma una “asimetría de participación” que la investigadora describe con claridad: “La hostilidad no florece en las cuentas personales de las funcionarias, sino en los muros de los medios periodísticos donde la toxicidad prolifera sin moderación”.
Lo que casi nunca se discute
En diálogo sobre su trabajo, Chini explicó que cuando una mujer ocupa un espacio de relevancia institucional los receptores de sus mensajes rara vez evalúan sus propuestas o discursos.
“Las críticas se desplazan casi de inmediato hacia su aspecto físico, su vestimenta o sus roles familiares, si son madres, esposas o hijas”, plantea la investigadora. A eso se agregan descalificativos de carácter animalesco y la adjudicación infundada de problemáticas de salud mental.
Según el análisis, muchos usuarios emiten juicios tajantes a partir de unos pocos segundos de video o incluso con solo ver un flyer o un afiche publicitario, sin detenerse a escuchar el contenido del mensaje.
El costo para la democracia
Ese clima tiene una consecuencia directa sobre la vida cívica: las mujeres deciden apartarse de la política activa por agotamiento emocional o por temor. Se genera así una autocensura que, según el trabajo, empobrece la calidad democrática.
Por eso Chini remarcó la urgencia de desnaturalizar el acoso en las redes. Su advertencia apunta al impacto colectivo del fenómeno: “Paula, Sandra, Myriam… podemos ser todas. Sin la participación activa, libre de violencia y con igualdad de recursos para las mujeres, la democracia provincial y regional siempre estará incompleta”.