Tucumano en la misa del Papa: el sorteo que lo eligió entre cuatro y la promesa que arrastra desde un choque
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Tucumano en la misa del Papa: el sorteo que lo eligió entre cuatro y la promesa que arrastra desde un choque

Venía de la Policía y un choque en moto lo puso frente a una promesa que había postergado. Este domingo estará a metros del papa León XIV: un sorteo entre cuatro candidatos lo eligió para asistir en el altar.

Diego Samir Fernández vistió uniforme de la Policía de Tucumán antes de vestir el hábito dominico. Este domingo estará a metros del papa León XIV, en la misa, y la historia que lo llevó hasta ahí arranca con un accidente.

El golpe ocurrió una mañana de invierno, cuando volvía en moto hacia la casa de sus padres, en Colombres. Lloviznaba y un auto se le cruzó. No pudo frenar. Antes de perder el conocimiento, se acordó de algo que venía postergando: su vocación religiosa. Se prometió que, si salía entero, iba a ocuparse de ese llamado.

Despertó dos días después y no lo olvidó. “Me toca cumplir la promesa”, recuerda hoy, en diálogo con La Gaceta.

El hombre que había ingresado a la fuerza en 2005 es ahora fray Diego Samir Fernández, de la orden de los dominicos. Fue ordenado diácono hace apenas un mes. Y este domingo tendrá una tarea concreta en la ceremonia: colaborará en la preparación del altar y distribuirá la comunión entre los obispos.

“Voy a estar pegadito a él”, dice, todavía con la emoción a flor de piel.

De la calle a la vida religiosa

Su llegada a la Policía no fue vocacional en sentido estricto. La crisis de 2001 había castigado el bolsillo familiar y necesitaba un ingreso estable. También era una profesión que le llamaba la atención desde chico. La oportunidad apareció en 2005.

“Estoy muy agradecido con la institución. Fue para mí una estabilidad económica y ayudar a mi familia, ayudar también a la gente que quiero”, repasa.

La vocación religiosa ya estaba ahí antes del choque, pero el accidente la despertó del todo. “Iba con casco, gracias a Dios. El casco me salvó”, cuenta.

Ya recuperado, buscó orientación. La encontró en los frailes dominicos, que lo acompañaron en el inicio del camino. “Encontré a los frailes dominicos, que me ayudaron a hacerlo. Y ahí empezó esta historia con la Iglesia”, sintetiza.

Un sorteo entre cuatro candidatos

Estudió filosofía y después teología en Buenos Aires, donde los dominicos unificaron la formación después de la pandemia.

La ordenación como diácono llegó hace un mes. Poco después, el arzobispo de Buenos Aires pidió un diácono para asistir en el altar durante la misa del Papa y se comunicó con el provincial de la orden. Había cuatro candidatos. La elección se resolvió con un sorteo.

“Tuvimos que hacer un sorteo y me tocó a mí”, relata.

Desde entonces ensaya cada movimiento y estudia el protocolo. Durante la consagración colaborará en la preparación del altar. Recibirá la comunión de manos del pontífice y luego la repartirá entre los obispos.

Sabe que las responsabilidades de la ceremonia difícilmente le dejen espacio para una charla larga con León XIV, pero ya tiene pensado qué decirle.

“Le diría que gracias, gracias por su sí también. Y le pediría por mi familia, por mis seres queridos y por este pueblo”, expresa.

Colombres, siempre presente

La cercanía con el Papa le provoca “muchísima emoción”. Pero en medio de los preparativos, la cabeza se le va a Tucumán.

“Tucumán está conmigo acá todo el tiempo. Es mi pueblo, mi gente, mi Colombres y el acento tucumano que no se me va”, dice.

Este domingo, mientras cumpla con lo que le asignaron en la misa, llevará algo más que la emoción de estar junto al pontífice: la promesa que nació después de un accidente y que le cambió la vida.

“Quiero estar presente para mi pueblo siempre”, afirma.

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