Volvió a la facultad a los 56, pero lo que sus hijos le devolvieron la dejó sin palabras

¿Qué le devolvieron a Marcela sus hijos cuando volvió a la facultad a los 56? La respuesta está en una historia que mezcla tesis, mate y una promesa que se cumple después de años.

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Volvió a la facultad a los 56, pero lo que sus hijos le devolvieron la dejó sin palabras
Volvió a la facultad a los 56, pero lo que sus hijos le devolvieron la dejó sin palabras

Hay estudiantes que llegan a la universidad después de haber formado una familia, de haber trabajado toda la vida o de haber dejado una carrera en pausa. Volver a estudiar, en esos casos, implica un desafío personal que también tiene destinatarios e impulsores: los hijos. Para algunas estudiantes, avanzar hacia un título es también mostrarles que siempre se puede volver a empezar y que la educación abre otros caminos.

En el Día del Estudiante, PRIMERA EDICIÓN dialogó en la sede de la Facultad de Humanidades de la UNaM con tres mujeres estudiantes que, en su voz y en su historia, dan cuenta de ese compromiso: el de estudiar “para salir adelante” o de “cerrar ciclos” para inspirar a sus propios hijos e hijas a seguir el camino de la educación superior.

Animarse

Milagros y Lizeth son estudiantes de Educación Especial y viajan desde Santo Pipó y Gobernador Roca para rendir sus mesas de examen en Posadas. Se conocieron en la extensión áulica de esa carrera el año pasado, cuando coincidieron en el desafío de animarse a estudiar mientras son mamás y trabajadoras.

“Es algo que te tenés que repartir en varios pedazos, porque tenés que trabajar, estudiar, a la vez tenés la casa. Son varias cosas que te tenés que acomodar y hay veces que llegás a la noche y tu cabeza está así”, contó Lizeth mientras gesticulaba un dolor de cabeza intenso.

Pero para ellas, el estudio es sinónimo de independencia y de inspiración, y “todo esfuerzo tiene recompensa después”, aseguró Milagros. “Es un proceso muy complicado, pero a la vez es divertido. Me motiva el seguir adelante, desafiarme, ver hasta dónde llego, y mostrarle a mi nene que sí se puede”, agregó Lizeth.

A diferencia de quien tiene la oportunidad de dedicarse de lleno al estudio, Milagros contó que cuando hay maternidad y trabajo de por medio, “hay que hacer diferentes planeamientos”: organizar mejor el tiempo, aprovechar la virtualidad, pero sobre todo, entender que los plazos de la propia carrera pueden ser muy distintos de los que figuran en el programa.

Para no vivir eso desde la frustración, el acompañamiento docente es fundamental. “Yo estaba a punto de dejar la carrera cuando me llevé mi primera materia, dije ‘no, con esta no puedo más’ y la misma profesora me dijo que no baje los brazos y que siga, que no tenga miedo. Y le seguí, le seguí hasta ahora”, recordó Milagros.

Para ellas, la carrera se entreteje con otros insumos además de los apuntes: el mate las acompaña para sobrellevar los viajes y en la lista de motivaciones siempre aparece la familia, pero Lizeth sintetizó que “la recompensa sería grandísima, así que a seguir adelante”.

Volver

El panorama para Marcela Fernández es distinto. A sus 56 años, volvió a la facultad para “cerrar un ciclo” que se vio interrumpido por la maternidad, la salud y la vida: convertirse en licenciada en Trabajo Social.

Fernández es terapeuta y madre de dos hijos, que la impulsaron este año a volver a la facultad para escribir su tesis de grado. “Estoy en una etapa ya bastante adulta como alumna, pero soy ‘reincidente’, estoy haciendo mi taller de tesis, con el apoyo de mis hijos que en su momento andaban en mi panza cuando yo andaba por acá”, contó.

Para la tesista, la vuelta a la facultad se siente diferente a la de su juventud, porque “a los 20, los chicos más jovencitos tienen otras expectativas. Yo es como que ya las tengo cumplidas todas y esto para mí es la frutillita nada más”, dijo.

Para dar el paso, sin importar la edad, la tesista consideró que “importa mucho las convicciones, el entorno, la integridad física y tener mucho cuidado con la salud mental para volver a tomar ciertas responsabilidades”. También, las puertas abiertas de la educación pública, “que tenemos que saber valorar un montón”.

“Acá han pasado mis hijos, mis sobrinos, gente conocida que hoy en día tiene una vida totalmente distinta gracias a la facultad”, aseguró Marcela.

Por eso, quiso dejar su mensaje a “las mujeres grandes, que tal vez estén pasando por esta situación complicada de no animarse a dar ese paso”.

“Es cuestión de seguridad, de compromiso con uno mismo. Y ojalá que la mayoría de las mamás, las abuelas, ¿por qué no?, se animen, para sentirse útil intelectualmente, porque el leer, estudiar, el interactuar con otros te da unas energías tremendas”, sostuvo.

Y ese desafío intelectual, para ella, llegó de la mano con la contención emocional de sus hijos. “Soy abuela también, y la verdad que sentir el apoyo que yo antes le daba a ellos como mamá. Ellos me lo dan a mí ahora”, cerró Marcela.

Estudiantes de la Facultad de Humanidades de la UNaM

Examen en la universidad

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